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Mayo 27, 2006

El mito del profesor amigo

«Nadie educa a nadie. Nadie es educado por nadie: todos nos educamos juntos. » Paulo Freire, educador y pedagogo brasileño

El profesor amiguete, el que quiere ponerse en lugar de sus alumnos, está renunciando a una de las tareas fundamentales de la educación, cual es la de que los educandos sepan ponerse en el lugar de los demás. Si un muchacho tira los papeles al suelo, no ha de ponerse en su lugar (ya se sabe cómo son los niños), al contrario, ha de exigirle que se ponga él en el lugar de los encargados de la limpieza, que no son sus esclavos. Si arma alboroto en clase e impide a los demás atender, el profesor ha de obligarlo a ponerse en el lugar de los que sí quieren aprender. Y si se dedica a acosar a un compañero más débil, tiene que ponerlo en el lugar de ese compañero, recordándole que a él no le gusta ser molestado por los más fuertes. Y siempre que se recuerda a un niño la existencia y los derechos de los otros, inevitablemente se lo frustra. El profesor que no ejerce como tal no deja a los alumnos más libres, al contrario, los deja bajo la tiranía de los más matones de la clase. Pero lo más grave es que el sistema educativo no respalda al profesor que sí quiera hacer valer su autoridad. Hoy día es difícil expulsar definitivamente a un alumno, aunque le suelte a una profesora una zafiedad que hubiera bastado para que lo expulsaran de una taberna. ¿Cómo puede un sistema educativo funcionar como tal si en los centros se admiten conductas que fuera de ellos serían delictivas, cuales son la injuria, el acoso o la conculcación del derecho de aprender a los que de veras quieren aprender?