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Mayo 28, 2006

El mito de la educación sin memoria

«De todos los factores que influyen en el aprendizaje, el más importante consiste en lo que el alumno ya sabe.» David Ausubel, co creador de la pedagogía que inspiró la LOGSE.

Uno de los dislates más notables de nuestra educación es el prescindir del desarrollo de la memoria, como si el progreso de ésta fuera inversamente proporcional al de la inteligencia. La inteligencia funciona combinando entre sí unos objetos llamados `ideas´, y mientras no las utilizamos quedan guardadas en una caja llamada `memoria´. En consecuencia, si la memoria está vacía, la inteligencia no puede funcionar. Ya dijo Kant, hace bastante tiempo, que los contenidos del conocimiento sin las estructuras del pensamiento son ciegos, pero que las estructuras del pensamiento sin los contenidos del conocimiento están vacías. No se puede aprender a dividir si primero no se memorizó la tabla de multiplicar, ni manejar un diccionario si no se sabe el orden alfabético, ni traducir un texto latino sin saber las declinaciones, ni siquiera se puede reflexionar sobre la relación causal entre distintos acontecimientos históricos si se ignora el orden en el que sucedieron. Las cosas que sabemos, esto es, las que guardamos en la memoria, forman el espacio mental por el que circulan nuestras ideas, y cuantas más cosas sepamos, con mayor holgura se moverán éstas. La despreocupación por el desarrollo de la memoria es una de las primeras causas del fracaso escolar, entendido éste no por el número de alumnos que no aprenden porque no quieren, sino por la mala formación de los que sí terminan la ESO y el bachillerato. Prescindir de la educación de la memoria y después sorprenderse del fracaso escolar dice mucho sobre la ignorancia de los mentores de la reforma y de los defensores de las nuevas pedagogías.