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Artículo de Elvira Lindo

Os propongo para comentar este artículo de Elvira Lindo, que aparece publicado el el suplemento Domingo del diario El País del 4 de febrero de 2007. Aunque el tema del artículo no es principalmente el de la educación, me parece de interés lo que se cuenta de las escuelas americanas para niños de barrios deprimidos.

Los tres caballeros
Elvira Lindo 04/02/2007

LO PEOR que te puede pasar en esta vida es tener cara de saber escuchar. Es una cara que el prójimo detecta de inmediato. Vas de un lado a otro conociendo a gente que dice haber estado deseando conocerte, ¿para escucharte? Qué dices, para colocarte el rollo. Leí sobre unas escuelas cooperativas en Estados Unidos que están levantando polémica. Se trata de colegios destinados a niños pobres. La teoría de estos maestros valientes es que los niños de barrios deprimidos necesitan una educación no igual a la de los niños de clase media, sino doblemente exigente para ponerse al mismo nivel. Los niños de familias pobres tienen a los tres años diez veces menos vocabulario que un niño de clase media. El lema de estas escuelas es: "Trabaja duro y sé educado". Dentro de ese concepto de ser educado está el de saber escuchar. Los niños llegan a la escuela con una preciosa materia prima sin pulir. No saben, por ejemplo, que cuando alguien te está hablando hay que mirarle a los ojos y mover de vez en cuando la cabeza en señal de reconocimiento. Parece una chorrada, pero no lo es. La paradoja es que muchos de nuestros niños, que no son de clase baja ni nunca les ha faltado de nada, no tienen integrado el arte de la conversación, y es frecuente, cuando vas a casa de algún amigo con niños chicos, que tú digas "hola", y el niño, a requerimiento desesperado del padre, haga un mohín de disgusto mirando a la pantalla del ordenador.

El caso es que los maestros de estas escuelas, sometiendo a estos niños a un plan de trabajo duro, que algunos pedagogos califican de excesivo, han conseguido elevar la media académica hasta ponerla al nivel de cualquier colegio de niños-bien. Para ello, los maestros exigen la complicidad de los padres, que se comprometen a estar al tanto de que el niño cumple con sus deberes. Hay cosas peculiares, como que los niños tienen derecho a llamar al móvil al maestro a cualquier hora del día para preguntarle alguna duda. El maestro es casi como un misionero, su vida está entregada a esta fe llamada educación. Desde luego, es el colegio el que manda, el Señor Profesor o la Señora Profesora. De ahí mis dudas a que en Andalucía funcione eso del "padre mediador" en los conflictos. Suena guay, pero no sé cómo se lo habrán tomado algunos sufridos maestros. Pero todo esto venía a cuento de la conversación. Los maestros en esas extrañas escuelas enseñan a los niños a mirar a los ojos y a atender porque la teoría es "no llegarás a nada si no eres amable y considerado". A eso se le puede dar la vuelta. El mundo de las letras, por ejemplo, está plagado de niños consentidos que creen que charlan, pero que en realidad monologan. Decía Flaubert que lo más difícil de escribir en una novela es un buen diálogo. No es extraño: el ego literario conduce al monólogo. ¿Creen ustedes que las mesas redondas son diálogos entrecruzados? Para nada. Fíjense bien, son monólogos. Un escritor habla y el otro o la otra callan, pero no porque estén escuchando, sino porque están viendo la posibilidad de encajar un chiste a costa del contrario o una anecdotilla. Una de las razones por las que casi nunca me siento escritora (menos cuando escribo) es porque escucho. Me encuentro con un escritor/a por la calle o, aún peor, en un simposium, y le digo: "Qué tal". Me contesta. Le pregunto: "¿Qué haces ahora?". Me contesta. Le pregunto: "Cómo te fue con tu última novela". Entonces se extiende en contar su versión de los hechos, que es la misma que la de los políticos en el día electoral: ha roto techo. Y yo, con mi cara de escuchar, con mi cara simplona, muevo la cabeza arriba y abajo, siguiendo las normas del buen conversador, y espero, espero a que en algún momento se me pregunte a mí, en justa correspondencia, por mi vida, por mi ilusión. No siempre sucede, pero cuando sucede que alguien te pregunta de vuelta: "Y tú qué tal", enseguida notas que tu interlocutor ya está en otro sitio, con la mirada perdida, que no te está haciendo ni puto caso. Sueles pensar que la culpa es tuya, que no tienes interés ni poder de influencia. Pero hay veces que en el contexto agotador de la vanidad, uno encuentra tesoros escondidos. El tesoro lo encontré en Cartagena de Indias y lo llevaban a cuestas tres piratas leoneses: Luis Mateo Díez, Jose María Merino y Juan Pedro Aparicio. Tres caballeros, tres tenores, tres mosqueteros, que veías de pronto en bañador (grandes calzones), de pronto en torno a una mesa, de pronto regateándole el precio de un collar al rey de la ganga, Pedro el Baratero, que les decía al oído mostrándoles un collar: "Para la vecina, para la secretaria, se lo dejo baratico" (y es que, según la estricta moral de Pedro el Baratero, lo barato es para la amante, lo caro para la legítima). Los tres escritores, amigos casi desde niños, amigos de literatura, de borracheras juveniles, cuentan anécdotas cruzadas a cualquier recién llegado sin excluirlo, sin hacer esa costumbre tan fea que practican las capillitas, que es eso de cerrarse en banda y excluir al extraño. Así, como amigos, se sentaron en un teatro abarrotado de Cartagena. Y en vez de soltar el rollo tramposo de los lugares comunes de la literatosis, contaron cuentos, cuentos cortos que el público interrumpía con aplausos. Juro, porque lo vi, que fue admirable, que se oyeron bravos y salieron como toreros por la puerta grande. Luego en la cena charlaban, capaces de dialogar como si no fueran escritores, como si fueran personas normales, de esas que enseñan de pronto la foto de una nieta que llevan en la cartera. Era algo tan extraordinario que por eso lo cuento.

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Comentarios

Es necesario romper el tabú de la influencia que ejerce la clase social sobre la educación. Porque señores pedagogos, los individuos no son islas aisladas, sino que reciben estimulos de la sociedad, las personas, las costumbres, la televisión, por ese motivo es necesario que el profesor y la escuela establezca unas normas, ( si donde se deriva autoridad y jerarquía pero no tiranía), que permitan a los alumnos acostumbrarse al hábito del trabajo y del esfuerzo ( dos cualidades útiles, no reaccionarias ni progresistas)

Simplemente algunos datos sobre esto de la clase social:
- el 72% de los alumnos de PGS son de clase "baja" o "muy baja"
- el 80% de los alumnos gitanos acaba la ESO sin el título o abandona antes
- sólo el 60% de los padres con estudios primarios dicen que les gustaría que su hijo fuese a la universidad (antes de ir a la escuela) frente a más de un 80% de padres con estudios
- los padres de clase baja dedican menos tiempo a pensar en el tipo de centro que quieren para sus hijos, sólo el 10% escoge uno u otro por motivos pedagógicos

Me parece muy bien que haya escuelas que enseñen modales y muchos contenidos a los niños más desfavorecidos, pero el problema es qué hacemos en las escuelas ordinarias, donde tenemos alumnos de todo tipo pero no todos parten del mismo punto, como se ve en estos datos. Claro que hay excepciones, afortunadamente, pero son datos estadísitcos (del ministerio). En vez de pensar lo bien que estaría tener escuelas ideales para ellos, pensemos qué hacemos para agtenderlos en nuestras aulas y que no lleguen a la ESO siendo objetores y demás

Preciosas escenas de la lucha de clases.

Estoy por asomarme a la ventana y preguntar a mis vecinos cómo se atreven a no terminar la ESO con la excusa de casarse. Y qué pintan ganando cinco o seis miles en una semana arreglando tejados, baños y cocinas, cuando podrían estar ganando una de esas becas de 800 € sin SS que dan a los licenciados.

Si es que la gente no sabe lo que le conviene. Menos mal que estamos aquí para venderles las bondades del sistema. Si fuera por ellos, lo mismo se buscaban su propio orden de prioridades. Y qué sabrán ellos.

Supongo que el artículo viene a cuento en esta pagina por lo de "algunos pedagogos lo consideran excesivo". Este Ricardo no lo puede evitar, cita a Elvira Lindo aunque esta hable de su gremio, siempre y cuando se meta un poquito con los pedagogos.

Pero digo yo que si a "algunos pedagogos" les parece excesivo a "otros pedagogos" les parecerá muy bien que los niños pobres aprendan. ¿O no?

Ayer, Aída. La mamá no quiere que su hija sea dependienta, aunque se le de muy bien. Adoramos en demasía la pérdida de tiempo en la escuela cuando se sabe que no servirá de nada. Titulitis se decía entre la progresía no hace muchos años.

Al caso. Todo muy bien, solo una salvedad, si en lugar de la excesiva dedicación a los pobres se hiciera con los ricos (para exprimir todo su potencial) se hablaría de aristocracismo. Esto hiede a lo mismo: lo importante no es el niño (individual, irrepetible) sino la clase social: marxismo en estado puro.

"Al caso. Todo muy bien, solo una salvedad, si en lugar de la excesiva dedicación a los pobres se hiciera con los ricos (para exprimir todo su potencial) se hablaría de aristocracismo."

¿Ah, pero no es eso lo que ocurre: que los ricos se llevan la excesiva dedicación ya sea en educación, ya sea en sanidad o ya sea en bienes de consumo?

Creo que Beltrán da en el clavo, con lo de la obsesión clasista. No es problema del colegio lo que se cueza en la casa del alumno. Será cosa de Asuntos sociales, del Ministerio de Trabajo o de quien corresponda, pero no es competencia del colegio.

Hay que sacudirse los complejos de misionero, y centrarse en lo educativo: ¿es listo? ¿no lo es? ¿se esfuerza? ¿tiene prisa por trabajar? ¿se refugia en los libros?.

Si en los colegios rigiera un ambiente ordenado, donde lo que importa es el conocimiento, ajeno a si en exterior hay guerra de banda u OPAs hostiles, otra cosa sería. Que un chaval se sintiera alguien dentro del colegio por aprender, aunque fuera le presten o no atención sus padres, o sea el marginal de su barrio. Y a la contra, que tenga que plegarse a unas normas aunque fuera sea el más chulo/el más pijo.

Creo que la escuela sirve tanto menos cuanto más se empeñe en invadir competencias que no son las suyas.

En relación con el artículo, hilando lo que yo decía: unos chavales que tienen "diez veces menos vocabulario" que lo que deberían, efectivamente necesitan una escuela doblemente exigente. Pero no porque sean pobres, sino porque llevan retraso. Si fueran ricos pero malcriados y tuvieran mal nivel, también les tocaría apretar para conseguirlo. No hay que prestar atención al dinero en la escuela, sino al nivel.

Andrés: dices "que los ricos se llevan la excesiva dedicación ya sea en educación, ya sea en sanidad o ya sea en bienes de consumo?"

Los ricos NO USAN la escuela pública. Ni la sanidad pública. Ni el transporte público. Pero sí contribuyan a financiarlos, como hacemos los demás. O sea, que no se llevan la "excesiva dedicación", porque lo pagan y no los usan. La enseñanza y sanidad que SÍ USAN las pagan aparte, a precio de oro, porque ese es su gusto: colegios donde vayan los hijos de aquellos que se mueven en su ambiente. ¿Mejores? Pues no necesariamente. Sólo más caros. Pero no pagan un nivel educativo superior, sólo una compañía más selecta.

Beltrán: es evidente que se dedican más a ellos por tener más problemas, no por la clase social. Y desde luego tendría que ser para todos

El problema: la carga emocional, la compasión, la redención, el cristianismo, el socialismo. No me opongo a la buena educación, faltaría más, me opongo a la perspectiva ideologizada de la educación "de una clase social", no de niños concretos, reales. Efectivamente, la educación es un medio (no el único, otros son el trabajo, la lotería, la política, el sindicalismo, la delincuencia, el chanchulleo, el lameculismo, etc.) de movilidad social; se debe permitir la movilidad, pero no obligar a nadie a "movilizarse". Si el objetivo es que los "desheredados de la tierra" tomen el poder, asciendan socialmente, se constituyan como eje de la sociedad... ¿no estaríamos creando una nueva élite?. Pepito, Manolito, Juanita... en esos hay que pensar, no en gitanos, inmigrantes, marginados, moros. La perversión del lenguaje esconde la perversión del pensamiento.

Del Informe del Defensor del Pueblo


"Las autoras también analizan las relaciones entre la titularidad de
los centros (público, privado y concertado) y el maltrato entre iguales. Los
resultados muestran que hay un mayor número de víctimas de malos
tratos entre el alumnado de los centros privados (20,8%), seguido por los
públicos (14%) y en último lugar de los privados concertados, en los que
sólo el 11,9% se autoclasifica como víctima. Estos resultados pueden
tener algunas semejanzas con los obtenidos por el IDP-U: tan solo en
algunas conductas relacionadas con el maltrato emocional (hablar mal de
en el caso de las víctimas, “hablar mal de”, “ignorar” y “poner motes” en el
de los testigos) que se producen en mayor medida en los centros privados
que en los públicos."

Pues nada, a cambiar a los nenes de pasta a los centros públicos que son remansos de paz.o como dicen en Andalucía:espacios de paz.

"Espacios de paz y de justicia social". No olvidemos que los pobres niños ricos sufren una secular discriminación en materia educativa. ¿Por qué tienen que ser abogados, médicos o ejecutivos bancarios? Deberían poder elegir entre eso y ser peones no cualificados, "técnicos" de chapuzas varias o cajero-reponedor de hipermercado a tiempo parcial. ¡Pobrecitos!

House.
Hace no mucho leí un artículo interesante. Entre otras cosas planteaba el drama que sufrían los hijos de lá aristocracia medieval, obligados al servicio de armas, a ejercer el poder y la justicia. No todos nacían aguerridos, también los había pusilánimes, afeminados, apocados, y tenían que apencar o sufrir la burla y hasta el desprecio de sus padres. Hoy día la aristocracia no se bate con la espada, pero a los hijos de las clases "fovorecidas" se les va a exigir más que a los hijos de los "peones"... y no todos podrán.

Sólo una mente estrecha puede dejar de entender esto: la riqueza o pobreza no es buena ni mala, es un punto de partida, una condición ineludible. Unas veces ser pobre puede ser un impedimento a una mente preclara, otras una elevada cuna puede ser una tragedia para el niño. En el primer caso solo se puede mejorar (bueno), en el segundo se puede empeorar (malo) y la presión que sufre el niño es mayor.
El tuyo es un típico planteamiento de clases marxista.

Me da que utilizas el término marxista como una especie de insulto. Pues vas en mala dirección conmigo. Efectivamente, soy marxista, y anarco-comunista, y ateo, otras palabras que también muchos utilizan para descalificar. Y muchas otras cosas. Soy sevillista, me gusta el heavy-metal, los tangos argentinos, la música celta y el blues; soy aficionado a la numismática y a la filatelia, además de a los crucigramas y a hacer maquetas. ¿Y qué? Por otra parte, otros me han llamado franquista (es que nací cuando Franco todavía estaba vivo).
¿Eres de los que sigue creyendo que todo esto que pienso me impide trabajar como debo? ¿Cumplir un horario depende de las ideas que uno tenga? ¿O crees en serio para para hacer las cosas bien sólo se puede ser de un determinado bando? Eso sí que es marxismo, pero del estalinista.
PD: los hijos pusilánimes y afeminados de los nobles guerreros medievales podrían no querer ser como sus padres, pero tampoco querían ser campesinos. Algunos simplemente deseaban vivir sin obligaciones y sin estrecheces.

Será una tragedia, a veces, nacer rico, pero sin una enseñanza pública gratuita de calidad SIEMPRE (o casi siempre) lo es nacer pobre. Quien quiera gastarse su dinero (si le sobra) en un escuela privada (pero de las realmente privadas), que lo haga. Quien no pueda, debe tener garantizado por el Estado el derecho a un puesto escolar. Cómo aproveche cada uno las oportunidades es ya un asunto individual.

Por la boca muere el pez.

Decir que es un planteamiento marxista no es un insulto, es definir cómo se plantea el problema. Otra cosa es que yo lo considere erróneo.

Llamar a alguien "progre" sí puede tener un matiz denigrante; pero hay quien se intitula así con orgullo.

Yo creo FIRMEMENTE que "...Deberían poder elegir entre eso y ser peones no cualificados, "técnicos" de chapuzas varias o cajero-reponedor de hipermercado a tiempo parcial...". Yo creo en la libertad. Las clases bajas no tienen la obligación de progresar, eso es una memez. LIBERTAD y dignidad para todos, ricos y pobres, peones y aristócratas. No hay peor enemigo del peón que aquél que lo quiere hacer progresar a base de denigrar su condición.

Pues o yo no me expreso bien o Beltrán coge el rábano por las hojas. La última frase de mi intervención era: "Cómo aproveche cada uno las oportunidades es ya un asunto individual". ¿Piensas que va en contra de tu alegato? ¿No significa precisamente "que cada cuál haga lo que quiera con los medios que se les ofrecen"? En ningún momento he dicho que los pobres tengan la obligación de progresar, lo que sí quiero decir es que el Estado debe ofrecer LOS MEDIOS suficientes a quien carece de ellos. Otra cosa es que que quieran aprovecharlos para mejorar o seguir igual. Y si el niño rico tiene esos medios y no los aprovecha, pues allá él.
Pero no confundamos el no tener qué comer con no tener ganas de comer.

Otra cosa: que yo sepa erróneo no es sinónimo de marxista. Quizás hubiera quedado más clara tu crítica (menos ambigua)diciendo que mi planteamiento era "erróneo".
Segundo: sacar las frases de contexto no es juego limpio. Al descontextualizar la que tú entrecomillas pierde el sentido irónico que yo expresaba (o eso intentaba) en una intervención anterior. Yo no podría reírme con desprecio nunca de un peón no cualificado, ya que mi padre lo era. Puede que no supiera expresar bien la ironía.

Considero que plantear la "educación de las clases sociales" (visión marxista) y no de los individuos es lo erróneo, porque no me gustan los rebaños y se cree en entes colectivos propios del social-comunismo y del nazi-fascismo. Dichos entes anulan a los seres reales: los individuos.

Puede que los matices, efectivamente, nos confundan y no estemos tan alejados.

La educación de calidad la defendemos todos pero determinados proyectos buenistas logran el efecto contrario y de ahí estos debates.

Está claro que "de buenas intenciones están los cementerios llenos", como dice un refrán. Se ha confundido la igualdad (lo que pretendía, por ejemplo, el marxismo teórico)con el igualitarismo (lo que consiguió, por ejemplo, el estalisnismo). Salvando las distancias, se pretendía con la LOGSE (o así nos la vendieron)"caviar gratis para quien quiera" y, hasta el momento, lo único que se ha conseguido es "bocata de mortadela para todos y sin chistar".

a Ricardo:
En el Panfleto (p.112) usas a Popper para argüir que es anticientífico defender la Reforma diciendo que fue buena y que sólo fracasó porque los que tuvieron que llevarla a cabo no supieron hacerlo bien. "..si una reforma depende de cambiar la mentalidad de los que la han de llevar a cabo, los resultados de esa reforma son invulnerables a toda crítica científica".

Ahora tú caes en la misma trampa al defender que la solución del problema de la educación está en cambiar la actitud de los padres y la sociedad hacia la disciplina y el esfuerzo. Dejas toda la responsabilidad de TU reforma en SUS manos. Es muy improbable que lo hagan bien, por lo que tu propuesta no peligra con ser falseada jamás. Siempre podrás decir que todo habría ido bien si los padres y la sociedad hubiesen cumplido con su parte.

Y esto es peligroso, porque igual que los logsianos pueden dormir tranquilos echando la culpa del desastre a los profesores, los profesores pro-esfuerzo y pro-disciplina pueden dormir tranquilo echando la culpa a los padres y a la sociedad, pensando que mientras no se solucione este problema ellos no tienen culpa de la ineficacia de su trabajo.

Ahora mismo yo estoy trabajando con algunos grupos difíciles. Puedo hacerles callar y participar durante diez minutos, incluso a los más flojos, caraduras, escépticos y desanimados, pero si en estos diez minutos no hago que les haya valido la pena ese esfuerzo, aplicando una enseñanza adecuada, contundente y eficaz, volveran a las andadas y ya no tendré la credibilidad para hacerles volver a esforzarse y escuchar.

Para Robert:

Yo creo que nuca achaqué el fracaso de la reforma a la actitud de los padres. A lo largo de todo el "Panfleto" intenté argumentar las razones por las cuales la reforma me parece mala en sí misma. Entre otras cosas porque fomenta la desidia de los padres, pero es una consecuencia de la reforma, no la causa de su fracaso.
Atentamente

Ricardo:
Creo que no me he expresado muy bien. Estoy de acuerdo en que la reforma fue mala en sí misma, y mientras no se demuestre lo contrario, podemos asumir que sus propuestas han fracasado y asunto cerrado.

Lo que a mí me interesa como padre y como profesor es encontrar soluciones que funcionen y hagan desaparecer del sistema educativo el conflicto, el fracaso y el estrés. Y tales soluciones tienen que empezar a funcionar en el contexto de la realidad actual, donde los padres ya no están dispuestos a imponer un excesivo sufrimiento a sus hijos, y vetarán a través de sus votos propuestas que impliquen que sus hijos vayan a perder el tren por ser más inmaduros que otros niños.

En tu libro hablas en varias ocasiones de la imposibilidad de enseñar a jóvenes de 12 años que se nieguen a estudiar, y supongo que por ese motivo rechazas las propuestas que pasen por hacerles aprender sin que quieran, más que nada porque lo crees imposible.

Yo lo hago todos los días y afirmo que puede hacerse en todas las asignaturas, y que puede hacerse y empezar a utilizarse ya. Estoy dispuesto a demostrarlo donde haga falta. Se necesita disciplina en clase y unos materiales cuidadosamente preparados por adelantado. Estos materiales pueden ser preparados por el mismo profesor, aunque es más razonable que sean producidos por personas especializadas.

Si quieres pasar a la acción para solucionar esto de una vez, cuenta con mi ayuda.

Robert:

He estado practicando el método de las tarjetas. Funciona para memorizar datos, siempre que los alumnos repitan las respuestas (lo que implica cierta cantidad de esfuerzo que no todos parecen dispuestos a realizar).

Pero el método no elimina la explicación previa del profesor, para lo cual es necesaria disciplina en el aula (lo que implica cierta capacidad de "sufrimiento" del alumno, que tiene que escuchar al profesor).

No creo que el método de las tarjetas sea válido para todas las circunstancias. A resolver problemas de física o matemáticas se aprende... resolviendo muchos problemas. Ojo, problemas, no ejercicios sencillos que se ventilan siguiendo recetas.

En cualquier caso, he conseguido que alumnos habituales del cero absoluto recuerden que en 1607, dos años después de que Cervantes publicara la primera parte de El Quijote, Monteverdi escribió en Mantua la primer ópera de la historia, Orfeo.

Lo de que repitiendo se aprenden las cosas lo sabían los maestros de antes, que hacían aprender la tabla de multiplicar cantando :).

"En cualquier caso, he conseguido que alumnos habituales del cero absoluto recuerden que en 1607, dos años después de que Cervantes publicara la primera parte de El Quijote, Monteverdi escribió en Mantua la primer ópera de la historia, Orfeo."

¿Eso va en serio?

Adrián, creo que siempre hay que combinar varios métodos, para habilidades diferentes y alumnos diferentes. Me alegra que lo de las tarjetas te haya funcionado

Adrián:
Estoy de acuerdo contigo. La disciplina y la atención y participación activa de los alumnos son vitales. Pero la seguridad de los resultados justifica el esfuerzo.

También es esencial la explicación previa del profesor, igual que en cualquier clase. Tengo las tarjetas numeradas para poder ordenarlas antes de empezar y utilizarlas para estructurar la presentación. Son una importante ayuda para la memoria del profesor, para no olvidar decir nada en su momento. Es importante sólo explicar en el primer momento lo que van a memorizar. Normalmente los alumnos dejan de escuchar al profesor cuando hable durante más de dos o tres minutos sobre temas en los que tienen poca base; se pierden y saben que no lo van a recordar después. Empiezan a mirar al suelo -hundidos - si son respetuosos, y por la ventana o a los compañeros si no. Con las tarjetas pueden escuchar tranquilos con la confianza de que van a saber todo eso dentro de 15 minutos.

Cuando me dices "No creo que el método de las tarjetas sea válido para todas las circunstancias", me siento como el que inventa una máquina que convierta el plomo en oro, y después de comprobar que funciona, la gente comenta: "Pero no funcionaría para hacer platino". Como si lo del oro no era nada especial, o sólo se tratara de un ejercicio intelectual.

Si todos los alumnos memorizan 10 datos esenciales de la asignatura durante un tercio de cada clase, con tres clases semanales, durante 30 semanas, aprenderán 900 datos de la asignatura. Se dice pronto pero empieza a hacer una lista de 900 datos de tu asignatura por curso, y piensa qué podrías hacer con una clase si todos sus miembros supieran todos esos datos, o en el peor de los casos les sonaran mucho.


Robert:

Aunque me fastidie, tengo que admitir que la sencillez del método de las tarjetas y la dinámica que conlleva, plantea unos objetivos muy concretos y, en principio, realizables. Seguro que llevas razón al afirmar que se podrían hacer muchas cosas con unos alumnos que han memorizado, previamente, una nada desconsiderable cantidad de datos. En principio no veo razón alguna que nos lleve a creer que la idea no sería de gran ayuda en matemáticas o física. Por un lado está el lamentable nivel de comprensión lectora de los alumnos, que tan graves problemas les plantea en estas asignaturas como en ninguna otra, y por el otro lado el de la memoria. Poco o nada se puede trabajar con unas personas que tardan semanas en convencerse de que no hay práctica que nos asista en cuestiones mecánicas si previamente no nos sabemos la mal llamada "teoría".

En cuanto a los "problemas de verdad" que cita Adrián, tiempo ha que escasean en nuestras aulas; con los "ejercicios tipo" (que muchos psicólogos confunden con problemas) vamos servidos. Podría intentarse usar la técnica para fijar unos cuantos conceptos que de otra manera nunca "les vendrían a la cabeza". La parte del esfuerzo necesario para abordar la resolución de ejercicios y problemas veo difícil sustituirla pero podríamos tener alumnos más preparados para afrontar la tarea porque "ya saben bastantes cosas".

Intentaré probar un par de cosas.

Robert, Ricardo:

Me gustaría probar el método de las tarjetas como alumno.

Cuando estudié la EGB me aburría mucho en clase. Cuando hice el bachillerato falté todo lo que pude, y después estudié una ingeniería casi sin pisar casi las aulas (con buenas notas). Casi siempre he aprendido más deprisa leyendo libros que escuchando a un profesor. Quizá por eso vea tan horrible lo perseguidas que están hoy las "pellas".

Tras aplicar el método de las tarjetas, creo que es bueno para adquirir una buena memoria. Luego, en la soledad del estudio, es cuando se descubren las verdades más profundas (vamos, que tu invento convierte el plomo en oro, pero no en platino :).

Creo que las tarjetas convierten el tedio de memorizar datos en un juego. Ricardo Moreno no mira con buenos ojos los juegos en la enseñanza, pero, ¿calificar los exámenes no es en el fondo un juego para que el alumno se esfuerce y aprenda? ¿No tienen los sistemas de exámenes, recuperaciones, cursos y títulos algo de juego?

Lo malo de las últimas reformas educativas es que han impuesto unas reglas estúpidas: "Si un jugador no mete gol, se dobla el tamaño de la portería. En último recurso, aceptamos como gol que el balón salga fuera de banda". Con eso hemos conseguido jugadores pasotas, que dan patadas a otros jugadores y que insultan a su entrenador.

Atentamente

El PP reclama medidas para el «alarmante» fracaso escolar
22/02/2007
Ideal Granada.

La secretaria de Política Social y Bienestar del PP, Ana Pastor, pidió ayer a la Junta de Andalucía que tome medidas ante la situación actual de la educación que, a su juicio, es «muy alarmante» ya que el fracaso escolar está en torno al 50%. Pastor explicó que el 33% de los alumnos andaluces no promocionan de curso, mientras que el 14% lo hacen con tres o más asignaturas suspendidas, datos «demoledores», que «preocupan a los responsables de otros países europeos y que no dejan al sistema educativo español en buen lugar», dijo, informa Efe.

«El Gobierno ha aprobado una ley basada en el facilísimo y en pasar de curso con suspensos sin respetar el contenido mínimo de unas asignaturas básicas para el futuro de los niños», dijo Pastor en referencia a la Ley Orgánica de Educación (LOE), que, en su opinión, no incentiva el conocimiento, la evaluación y el esfuerzo de los alumnos.

Yo creo que más que en oro o en platino, las tarjetas convierten el plomo en una materia intermedia que se puede convertir en oro o en platino si se procesa, y vuelve a ser plomo si no se hace nada con ella.

Artículo de Luis Arias Argüelles-Meres en el diario "La Nueva España" de Oviedo.
Meritocracia docente

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LUIS ARIAS ARGÜELLES-MERES Suscribo de principio a fin el artículo de Javier J. Feito publicado en este periódico el 19 de noviembre acerca de la situación en la que se ven los jóvenes licenciados en general, y, sobre todo, aquellos cuyas titulaciones tienen como principal salida la enseñanza. Resulta que estar en posesión de otra licenciatura, de un doctorado, de un máster, o también certificar el conocimiento de más de un idioma, etcétera, no sumaría en total ni siquiera cinco puntos para esas baremaciones que se fijan con vistas a un trabajo como docente en la enseñanza pública.

Por si esto fuera poco, Javier J. Feito asegura que hay cursos de 100 horas que pueden llegar a ser tan valorados como un doctorado cum laude. Algo tan real como delirante.

Resulta que una profesión que está llamada, entre otras cosas, a evaluar conocimientos se organiza sobre la base de unos criterios a todas luces erráticos, por no decir arbitrarios. Y, efectivamente, lo primero que pudiera pensarse ante algo así es que, como dice el autor del artículo citado, hay una innegable intención de potenciar la mediocridad en la misma medida en que se orilla la excelencia.

Es inconcebible que una sociedad prescinda no sólo de los mejores, sino también de los jóvenes, que son los que están en óptimas condiciones para dar vida a todo aquello en donde se les permita tener el sitio que realmente deberían ocupar.

Hay algo tan prosaico como real y es que los jóvenes titulados, en tanto que no pueden acceder a un empleo no son ni siquiera susceptibles de convertirse en afiliados de un sindicato en el que no pueden cotizar. De lo que se trata, pues, según cabe colegir, es de proteger a militantes y cotizantes, dejando totalmente fuera a aquellos que no lo son ni les permiten llegar a serlo. Así de claro, así de crudo.

Dicho todo esto, conviene que se reflexione en serio -y con inevitable indignación- sobre la meritocracia en el mundo docente. Para los que ya estamos dentro desde hace muchos años hay criterios no menos irracionales. En la llamada formación del profesorado, un curso que imparte cualquier CEP («centros de profesores») no tiene que pasar ninguna criba. Sin embargo, si se trata de cursos impartidos por cualquier Universidad, alguien en la Consejería de la Cosa debe decidir si tal curso ha sido verdaderamente formativo para el docente de turno. Pregúntese el lector quién elige y con qué criterios al profesorado que imparte los cursos del CEP. Pregúntese el lector por qué desde el 92 a esta parte se ha fomentado en la enseñanza media al catedrático chusquero, es decir, la llamada condición de catedrático en la que una de las cosas de mayor peso son los años de servicio, y no el doctorado, las investigaciones y publicaciones. Pregúntese el lector por qué ha desaparecido aquella figura tan honorable, de auténtica referencia, que era el catedrático de instituto, que en la mayor parte de los casos estaba con un pie en la Universidad. Pregúntese el lector por qué casi nadie quiere recordar que, para mayor baldón, la gran mayoría de los grandes maestros de nuestra alma máter fueron antes catedráticos de instituto. Pregúntese esa misma alma máter por su endogamia, preocupante a más no poder.

Así las cosas, si es grave e inadmisible que los jóvenes más y mejor preparados tengan casi cerrado por completo el paso a la docencia, no es menos denunciable que para quienes ejercen ya la enseñanza los alicientes que puede tener la excelencia apenas se tengan en cuenta en la profesión. Como bien se sabe, las baremaciones son públicas.
Y, en esto último, el papel de los sindicatos es también manifiestamente mejorable. Primero, vuelvo a preguntarme una vez más si son necesarios los liberados que huyen de la tiza. Acaso pudiera estudiarse la conveniencia de una reducción de horas para quienes llevan a cabo tareas sindicales. En segundo lugar, quienes se reclaman nuestros representantes, sin tener en cuenta para su sonrojo el grado de afiliación, deberían saber de una vez por todas que no sólo están ahí para exigir mejoras salariales, es obvio, sino también para reivindicar condiciones de trabajo dignas y, de paso, para dignificar esta profesión con unas baremaciones en consonancia con una mejor y más profunda formación, y no con «caxigalinas» que tienen de todo menos rigor científico.

Pido perdón por reiterar una vez más la misma pregunta: ¿Alguna vez se enterarán los sindicatos de enseñanza de que su tarea tiene que ser algo más que vender lotería navideña en sus visitas a los centros? ¿El sindicalismo era esto?

¿Cómo es posible que no se fomente y se prime una mayor y más rigurosa formación en el profesorado? ¿Cómo es posible que en la llamada carrera docente, que, en realidad apenas existe, no haya más que años de experiencia? ¿Cómo es posible que aceptemos ser una profesión chusquera?

¿Cómo es posible, en fin, que los encargados de evaluar estén sujetos a baremaciones insostenibles? ¿Es el mundo al revés? ¿O es, mucho peor que eso, la mediocridad dirigida y fomentada?

Gracias por su artículo, don Javier.

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