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RESPONSABILIDAD DEL ACTUAL SISTEMA EDUCATIVO EN LA VIOLENCIA EN LAS AULAS

Hace unos días presenté una ponencia en el III Congreso Internacional Multidisciplinar sobre Trastornos del Comportamiento en Menores celebrado en Guadalajara. Aunque es un poco larga, la pongo completa para que podáis opinar.


Ante todo, quiero agradecer a los organizadores de este congreso la oportunidad que me han dado de hablar de un tema que tanto nos preocupa a todos, como es el de la violencia que, como algo cotidiano, se ha instalado en nuestras escuelas e institutos. Hoy día un alumno puede soltar a una profesora una grosería que bastaría para que se le expulsara de una taberna, los profesores que han sufrido agresiones verbales o físicas ya no son ninguna excepción, y el atropello del derecho de los que quieren aprender por parte de los que no tienen ningún interés en ello es algo cotidiano. Y esto quiero aclararlo desde el principio: consideraré violencia escolar toda conculcación de un derecho. Si un alumno no puede aprender porque el jaleo que arman los demás le impide atender la explicación, está siendo víctima de violencia escolar, aun cuando los violentos no vayan directamente contra él.

Estarán ustedes de acuerdo en que un centro escolar no puede funcionar como tal si en su interior se permiten conductas que fuera de él serían delictivas, cuales son la injuria, el acoso y el atropello a un derecho tan elemental como es el de recibir una educación digna de tal nombre.
Las causas que se esgrimen para explicar este estado de cosas son de lo más diversas: que la violencia en la escuela no es más que el reflejo de una sociedad violenta, desquiciada y competitiva, los enormes cambios sociales habidos en muy poco tiempo, que la televisión influye mucho en las conductas de los chicos, que hay muchas familias desestructuradas, o la presencia masiva de inmigrantes. La tesis fundamental de mi intervención consistirá en intentar demostrar que la violencia en los centros escolares no es achacable a ninguna de las razones antes expuestas, sino que es una consecuencia natural y previsible de una reforma educativa delirante, elaborada por unos presuntos expertos, y en contra de la opinión de la mayoría de los profesores, los verdaderos expertos en el arte de educar. Los efectos desastrosos de la reforma son evidentes, nunca se ha hablado tanto de calidad de la enseñanza y nunca han sido los conocimientos de los alumnos tan pobres. Y esto es algo sobre lo que volveré después: bajar el nivel de la enseñanza y generar alumnos más ignorantes tiene que ver con la violencia, además de ser una forma de violencia impedir que los más inteligentes y trabajadores puedan dar de sí todo lo que podrían en condiciones normales. Es más, nunca se ha hablado tanto de valores y convivencia, y nunca ha estado tan envenenada ni ha sido tan conflictiva la vida cotidiana en los institutos. Podemos buscar las causas en los cambios sociales, en que los profesores no hemos sabido amoldarnos a los nuevos tiempos, podemos hacer estadísticas e informes para demostrar lo indemostrable, pero no avanzaremos un paso mientras no seamos capaces de formular la verdadera raíz del problema. Simplemente, nuestro sistema educativo no educa, y si no educa no es debido a factores circunstanciales ni sociológicos. No educa porque es un mal sistema educativo. Nuestro sistema educativo, como intentaré demostrar más adelante, ejerce la violencia, la fomenta y la tolera.
Explicar el fracaso de la famosa reforma educativa atribuyéndola a factores circunstanciales, y no a la propia perversidad del sistema, es el pasatiempo favorito de los forjadores y partidarios de la reforma educativa, porque de este modo encubren su propio fracaso. Pero esta manera de argumentar por parte de los responsables de la LOGSE y la LOE no sólo es equivocada, también es producto, en muchos casos, de mala fe. Y la prueba de ello está que una gran parte de los que pregonan las excelencias de nuestra escuela pública envían a sus propios hijos a colegios privados. No sería discreto dar nombres, tan sólo les invito a todos ustedes a mirar a su alrededor y a averiguar donde estudian los hijos de sus amigos y conocidos que son entusiastas de nuestra reforma educativa. Estarán ustedes de acuerdo en que si un ingeniero quiere convencerme de que el avión que ha diseñado y construido es muy seguro, pero luego él mismo no se atreve a subirse a él, hay razones fundadas para dudar de la buena fe del ingeniero.
Pero antes de entrar en harina, me gustaría hacer dos cosas. La primera, adelantarme a un par de críticas que ya he escuchado en otras ocasiones. La segunda, contarles un cuento.
La primera de las críticas a las que acabo de aludir consiste en decir que los que discrepamos del actual sistema educativo somos unos “nostálgicos”, que “miramos hacia atrás”, que somos de aquellos que piensan que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. La falacia del argumento es obvia porque no argumenta nada, se limita a hacer un juicio de valor sobre el interlocutor, lo que técnicamente se llama argumento ad hominen. Pero lo más curioso del asunto es que este, llamémosle así, argumento, también lo tenían que escucharlo durante el franquismo los que luchaban contra el régimen. Eran unos “nostálgicos de la democracia”, “añoraban la república”. Pues sí, mire usted, eran nostálgicos de una república que, con todos los defectos que pudiera tener, era un régimen democrático, siempre mejor que una dictadura. La nostalgia no es un sentimiento reaccionario, más bien al contrario. Precisamente fue la nostalgia de la antigüedad, el amor a la ciencia por si misma y no solamente como sierva de la teología, lo que dio lugar a un movimiento tan importante como el Renacimiento. Y es de suponer que algunos teólogos, celosos del pensamiento libre, criticarían a los entusiastas de la ciencia griega llamándolos “nostálgicos de un paganismo obsoleto”.
La segunda de las críticas viene de los que descalifican a los disidentes de la reforma porque total, eso de que la educación está muy mal es algo que se ha dicho toda la vida, es un lugar común, se ha oído decir siempre. Y es cierto, siempre se ha dicho que la enseñanza está muy mal, y que hay que ver como está la juventud. Pero eso no argumenta ni en contra ni a favor de nuestro sistema educativo. También se dice, y con razón, que los pisos están más caros que nunca. Es cierto. Pero resulta que eso se ha dicho siempre. Hasta donde me alcanzan los recuerdos, siempre lo he oído decir. ¿Vamos a considerar el asunto del precio de la vivienda un tema tabú, para no caer en la frase manida ni el lugar común? No, los males de nuestra enseñanza son muy graves, y es una irresponsabilidad soslayarlos sin más sólo porque lo que pueda decirse contra ella son cosas que se han dicho siempre. Pero hay algo más. ¿Es que cualquier ley de educación tiene que ser invulnerable a la crítica porque toda crítica suene a frase hecha? Porque si no se puede criticar el sistema actual de enseñanza porque lo que se diga siempre va a resultar un lugar común, por idéntica razón tampoco se podía criticar al sistema anterior a la LOGSE, y entonces tampoco había motivo para demolerlo.
Vamos ahora con mi cuento. Está escrito por mí, y si bien no tiene mucha calidad literaria, pienso en cambio que sí tiene una muy instructiva moraleja.
Había una vez, en un país muy lejano, unos expertos en seguridad vial a quienes se les ocurrió la idea de que las multas eran clasistas. Y ciertamente lo son, porque una misma multa para una misma infracción es un castigo menos grave para quien tiene mucho dinero que para quien tiene poco. También consideraron que era clasista la retirada del carné, porque retirar el carné es un castigo más leve para el que conduce por gusto que para quien lo hace por necesidades de su trabajo. Además, un policía de tráfico, por muy honesto que sea, es un ser humano, y puede equivocarse. En esto tampoco estaban errados, un cierto porcentaje de multas y retiradas de carné son, inevitablemente, injustas. Para eliminar estas desigualdades e injusticias elaboraron una ley que despojaba a los policías de tráfico de toda autoridad, y suprimía las multas y las retiradas de carné. Esta nueva ley, que pretendía no excluir a nadie del derecho a la libre circulación, se denominó “Ley Orgánica de Conducción Sin Exclusiones”, aunque abreviadamente se la llamaba por sus siglas, la LOCSE.
Lo que sucedió después es lo que cualquiera, sin ser experto en seguridad vial, podía haber previsto: aumentaron los accidentes y la circulación se convirtió en un caos. En apariencia no se excluía a nadie, porque a nadie se le imponían multas ni se le quitaba el carné. En la práctica, se excluyó a los buenos conductores, que no se atrevían a utilizar el coche. Pero esta evidencia no hizo ninguna mella en el ánimo de quienes elaboraron la susodicha ley.
Después de constatar este empeoramiento de la situación, los expertos y especialistas en la materia se pusieron a estudiar las causas del fenómeno. Unos dijeron que lo que hacía falta era más educación ciudadana, otros que el aumento de accidentes no era más que un síntoma de una sociedad cada vez más violenta y competitiva, y los de más allá echaron la culpa, ¡como no!, a la televisión, que constantemente da ejemplo de conductas antisociales y violentas. También hubo quien dijo que parte del problema era debido al aumento de la emigración, como si un emigrante tuviera que ser a priori peor conductor que un aborigen. Ni por asomo se les ocurrió que la LOCSE pudiera ser una mala ley, esta posibilidad ni se consideró. La oposición planteó preguntas en el parlamento, y el gobierno creó comisiones de estudio, las cuales elaboraron unos informes plagados de números, gráficos y estadísticas. También gastó ingentes sumas de dinero en pagar a expertos en seguridad vial, que asesoraran y dieran cursillos a los conductores. Algunos de esos expertos no habían conducido en su vida, pero no por ello eran menos sabios. Los títulos de algunos de esos cursillos eran “Cómo resolver conflictos en la carretera”, “Seguridad vial y feminismo” y “Creatividad al volante”. Pero todo era inútil. Siguió aumentando el número de siniestros, hasta que por fin un día, a algunos ciudadanos de ese país, a quienes se les daba una higa parecer políticamente incorrectos, se les ocurrió decir que todos los informes elaborados por los expertos eran pura charlatanería, y que la única solución estaba en reinstaurar las multas y las sanciones, por muy represivo y frustrante que esto pudiera ser, y por mucho que, irremediablemente, diera lugar a algunas injusticias y desigualdades. Los expertos encargados de estudiar el tema se apresuraron a decir que esos ciudadanos eran unos nostálgicos, que añoraban tiempos pretéritos, y que no habían entendido el espíritu de la LOCSE, y que lo de volver a poner multas era una solución demasiado simple para un problema que en realidad era muy complejo. También los policías de tráfico se quejaron, argumentando que, desprovistos de toda autoridad, su tarea se había hecho imposible. Los expertos respondieron que era muy cómodo cargar toda la culpa de una situación disparatada sobre la ley que había creado el disparate, y que en el problema todos tenían su parte de responsabilidad, de modo que lo que necesitaban los policías de tráfico era hacer una autocrítica. Y también que debían cambiar su mentalidad, a fin de adecuarla a los nuevos tiempos.
Pero los accidentes siguieron en aumento, y entretanto los expertos siguieron ganando sus buenos dineros asesorando, redactando informes e impartiendo cursillos. Incluso uno de máximos responsables de la LOCSE fue nombrado para un importante cargo cuya misión, entre otras, consistía en asesorar a los países latinoamericanos sobre seguridad vial.
Y así termina mi cuento.
A continuación voy a aclarar porqué me parecen falaces las distintas explicaciones que, soslayando la perversidad del propio sistema, pretenden dar con la causa del aumento de la violencia en las aulas.
A quienes dicen que lo que sucede es que la sociedad ha cambiado mucho, hay que contestarles que, efectivamente, ha cambiado mucho, pero ha cambiado para bien. Nunca ha sido España un país tan próspero, tan libre, tan democrático ni tan estable políticamente. Nunca ha habido tantos centros de enseñanza, ni los alumnos los han tenido tan a su alcance. Y nunca han estado tan bien dotados como lo están ahora. Todavía recuerdo institutos sin calefacción, y escuelas unitarias rurales con servicio en tan malas condiciones que era mejor ir bajo un árbol. La carga lectiva de los profesores era mayor, no tenían tanto tiempo para estudiar ni para formarse, ni tantos medios para ello. ¿Por qué un cambio social, claramente para mejor, había de deteriorar hasta tales extremos el sistema educativo y aumentar la violencia en las aulas? No, los cambios que ha vivido nuestro país en los últimos 30 años han sido en general para mejorar, y no pueden explicar el ambiente de grosería y zafiedad que se ha instaurado en nuestros centros. También se dice que las familias separadas crean problemas que no existían antes. Es verdad, pero si ahora están los problemas procedentes del divorcio, antes estaban los procedentes de la ausencia de divorcio. Y los padres que se separan lo hacen porque dejan de quererse, o porque la convivencia es imposible. En cualquiera de ambos casos, no es seguro que el hijo salga perdiendo con la separación. Vale más ser hijo de padres separados (como se da ahora con tanta frecuencia) que ser hijo de padres que están siempre peleando porque no se pueden separar (como sucedía antes). No, familias problemáticas y desestructuradas las ha habido siempre, bien porque los padres estaban emigrados y los hijos quedaban a cargo de un familiar, bien porque alguno de los progenitores era alcohólico, bien porque un hijo era esquizofrénico, o una hija se convertía en madre soltera, y había que ocultarlo y soportarlo como si fuera una vergüenza.
Naturalmente, entre los cambios sociales está la presencia de inmigrantes en nuestras aulas, pero atribuir a esta circunstancia el aumento de la violencia es, además de una villanía, una afirmación muy peligrosa, porque es una manera como otra cualquiera de fomentar la xenofobia. Un inmigrante no es por sí mismo más o menos gamberro que un español, aunque si no se le educa y no se sanciona su mala conducta puede ser tan zafio como un español a quien no se le educa y no se sanciona su mala conducta. Es más, muchos estudiantes, procedentes de países con una escuela más tradicional (porque al ser países pobres, no tenían dinero para invertir en experimentos educativos delirantes) se escandalizan del poco respeto que los alumnos españoles tienen a sus profesores. Muchos chicos sudamericanos llegan sabiendo dos cosas que ignoran la mayoría de de nuestros estudiantes: a pedir las cosas por favor, y la tabla de multiplicar. Lamentablemente, lo primero se les olvida enseguida, porque nada es tan contagioso como la grosería y los malos modales. Si los inmigrantes han constituido un problema, ha sido porque no se les ha sabido integrar, embutiéndoles en la clase que les correspondía por su edad, y no por su nivel, y a veces con un profesor cuyo idioma desconocían. ¿Cómo no va a portarse mal un chico al que se le obliga durante varias horas a estar escuchando algo que no está preparado para comprender, y en una lengua que ignora? ¿No hubiera sido más cuerdo que durante un curso hubieran estado dedicados casi exclusivamente a aprender castellano, y que después se hubieran integrado en el curso que les correspondiese por sus conocimientos? Diversidad por diversidad, mejor se trabaja con alumnos de distinta edad pero de parecido nivel que de idéntica edad pero de preparación completamente distinta. Si la presencia de inmigrantes es un problema, el problema no se ha sabido encarar, y la culpa de ello no la tienen los propios inmigrantes, sino los responsables educativos. Hay que decir que este despropósito de agrupar por edades en lugar de por niveles parece que está enmendado en la LOE. Pero estarán ustedes de acuerdo en que una idea tan de sentido común haya tardado quince años en entrar en la cabeza de quienes elaboraron la LOGSE es algo altamente preocupante. Esperemos que dentro de otros quince años se den cuenta de los errores de la LOE que hoy puede detectar cualquiera.
Dos cosas más deben tener presente los que achacan el fracaso de nuestro sistema educativo a circunstancias sociológicas. La primera, que existen institutos en los barrios y en los centros de las ciudades, institutos con emigrantes e institutos sin ellos, institutos rurales e institutos en pequeñas villas marineras. Por mucho que haya mejorado España en general, y esto nadie lo duda, el medio en el que están situados lo centros de enseñanza pueden ser distintos, pero en todos ellos el nivel de conocimientos de los alumnos y el de convivencia bajó estrepitosamente en cuanto se implantó la reforma. Cuando una misma reforma provoca efectos tan desastrosos en circunstancias sociales tan variadas, es razonable pensar que la culpa es de la reforma, y no de las circunstancias sociales. La segunda, muy a menudo olvidada, es que la reforma no se implantó a la vez en todas partes, sino que durante varios años estuvieron coexistiendo ambos sistemas. Y ya empezaron a sonar las primeras alarmas, porque se empezaron a ver las primeras diferencias entre los alumnos que habían estudiado en institutos donde se mantenía el viejo sistema y los que lo habían hecho en aquellos que habían implantado el nuevo, claramente favorable a los primeros. Y esta diferencia se podía constatar entre centros próximos entre sí, por lo cual las diferencias que pudiera haber entre los alumnos según su procedencia social era irrelevante.
También se suele argumentar que nuestra sociedad es violenta y competitiva, y que eso se refleja en las aulas. Pero sucede que la sociedad siempre ha sido violenta, y en España no hay ahora más violencia que en tiempos pasados, más bien al contrario. Antes era frecuente el espectáculo de unos policías apaleando a quienes se manifestaban pacíficamente. Hoy la policía está al servicio del ciudadano, no de un dictador. No hace tanto podíamos ser tratados violentamente por defender libremente nuestras ideas, ahora podemos hacerlo tranquilamente, aunque no sean las del partido en el poder. Antes se podían sufrir vejaciones por ser homosexual, actualmente cualquiera puede manifestar públicamente su condición de tal sin tener que padecer por ello. Hasta la aprobación de nuestra actual constitución existía la pena de muerte, hoy está abolida, y ni los más cerriles piden su reinstauración. Y a quienes dicen que nuestro mundo es competitivo y desquiciado, hay que recordarles que la competitividad es una conquista de las sociedades democráticas. Son las sociedades cerradas y clasistas las que eliminan la competencia. Durante la Edad Media, por muy listo y trabajador que fuera un plebeyo y por muy tonto y vago que fuera un noble, siempre quedaba el primero por debajo del segundo. ¿Por qué? Porque nunca podían competir los dos en igualdad de condiciones. Se puede competir leal o deslealmente, pero no dejar de competir, porque la competencia es tan intrínseca al ser humano como el sexo, y tan poco realista y tan puritano es ignorar la existencia de uno como ignorar la de la otra. Me explicaré. Si dos personas aspiran a un mismo puesto de funcionario, pueden competir lealmente mediante una oposición libre, cuyas reglas sean explícitas y transparentes, o bien pueden hacerlo deslealmente, mediante enchufes, recomendaciones o sobornos. Si dos muchachos aspiran a la mano de una misma mujer, pueden competir lealmente, multiplicando las atenciones para con ella, o bien deslealmente, hablando mal del otro pretendiente a la chica. Si dos partidos políticos pretenden gobernar, pueden competir lealmente a través de unas elecciones democráticas, o bien a lo bestia mediante una guerra civil. No olvidemos que Franco acabó con la competencia fusilando a sus competidores, y de este modo no tuvo que competir con nadie durante cuarenta años. Si la competencia es propia de toda sociedad, sobre todo de las democráticas, en lugar de proscribirla como generadora de violencia, hay que asumirla y reconocerla, para que los niños que ahora están en la escuela puedan competir en el futuro unos con otros pacífica y amistosamente.
Otro argumento para explicar el origen del problema que nos ocupa consiste en sostener que los chicos ven demasiada violencia en la televisión. Tal explicación es falaz. No hay más violencia que la que había en las historias del capitán Trueno o en las novelas que leían los jóvenes mucho antes de que la televisión fuera inventada. No hay historia de aventuras sin violencia, porque sin violencia no hay aventura posible, ni relato de piratas sin abordajes, ni novela policíaca sin asesinatos. En las tragedias de Shakespeare hay sangre y crímenes en abundancia, en el Quijote apaleamientos y bromas de mal gusto, en todos los poemas épicos batallas y montones de cadáveres. En las películas de romanos veíamos los muchachos de mi generación crucifixiones y cristianos devorados por leones, en las del oeste asesinatos y linchamientos, en las de guerra muertos y heridos por metralla, y aunque distábamos mucho de ser chicos ejemplares y pacíficos, el ambiente en los centros de enseñanza era relativamente bueno, por lo menos comparado con el que hay ahora. No, la violencia en el mundo de la ficción, sea a través de los libros, del cine o de la televisión, ha existido siempre, y no tiene nada que ver con la violencia en el seno de nuestras aulas. La violencia tiene que ver con las falacias de nuestro sistema educativo, que ahora paso a exponer.
La primera de ellas, que considera la educación un derecho, pero su conculcación no es considerada delito. Sería absurdo que un gobierno proclamara el derecho a la libertad sexual y no castigara la violación, se declarara partidario del derecho a la integridad física y no penalizara a quien maltratase a su pareja, se erigiera en campeón de la propiedad privada y no encarcelara a los ladrones. Pues bien, si unos alumnos boicotean una clase, impidiendo su normal desarrollo, o mejor dicho, violando el derecho del resto de sus compañeros a recibir una enseñanza de calidad, los alumnos que boicotean están más protegidos por la ley que los alumnos perjudicados. El pisotear el derecho a la educación no es constitutivo de delito, luego ese pretendido derecho no es efectivo, es papel mojado. Y que no se me diga, por favor, que se puede expulsar a un alumno durante una temporada: quien boicotea las clases no tiene el menor interés por permanecer en el instituto, luego su expulsión es un premio, no una sanción. Algo así como si en el antiguo servicio militar obligatorio se castigara el mal comportamiento con una semana de permiso. Ni el derecho a aprender de los chicos, ni el de los profesores a no sufrir el acoso de los más gamberros está protegido por la ley. No existe en nuestro país, dígase lo que se diga, el derecho a la educación. Es cosa de risa crear un sistema que tolera la violencia dentro de sus aulas, y después ponerse a reflexionar sobre las causas del aumento de la violencia dentro de sus aulas.
La segunda falacia, muy relacionada con la primera, es la de la educación obligatoria. No es obligatorio estudiar, porque se puede pasar de un curso a otro con ocho asignaturas suspensas, no es obligatorio respetar a los compañeros y profesores, no es obligatorio acatar unas normas que sí son obligatorias en cualquier lugar público. Si un alumno le suelta una grosería a un profesor, no es obligatorio pedir perdón. Es cosa corriente escuchar que por mal que estén los centros de enseñanza, mejor están los muchachos allí que en la calle. Pero si en los institutos impera la ley de la calle, no se acaba de entender qué ventajas ofrece el instituto. Es un sistema de enseñanza obligatoria que no obliga, así de fácil. Proclama un derecho que no protege y unas obligaciones a las que nadie está obligado. Es un sistema que tolera la violencia, pero también la ejerce. Y esto es así porque impide que los alumnos más inteligentes y trabajadores den de sí todo lo que podrían, a fin de no crear desigualdades. Y esto es, sencillamente, un acto de barbarie. La mayoría de nuestros estudiantes podrían aprender mucho más de lo que aprenden, si se les ofreciera un ambiente de trabajo y disciplina, pero resulta que eso es atentar contra la igualdad, según los políticamente correctos. No, se atentaría contra la igualdad si para matricularte en un instituto te exigieran pertenecer a la aristocracia, o profesar una determinada religión, o presentar un certificado de limpieza de sangre. Pero si lo que se exige simplemente es que el alumno ponga de su parte lo que tiene que poner, no sólo no atropella la igualdad, más bien al contrario, ofrece una verdadera igualdad de oportunidades. Las diferencias entre las posibilidades de un muchacho que va a un centro público y el que va a un colegio de élite son mucho mayores en el actual sistema que en el anterior, por muchas deficiencias que éste pudiera tener. Un sistema que impide aprender a los más trabajadores para que los que no lo son tanto no se sientan en condiciones de inferioridad, es un sistema que viola un derecho fundamental. Para aprender, es necesario escuchar la explicación, pero si ésta es entrecortada porque el profesor tiene que interrumpirla cinco o seis veces por minuto para mandar callar, atender a la explicación se hace mucho más difícil todavía. Si además, hay un ruido permanente de fondo, las dificultades aumentan todavía más. Si el profesor no puede atender individualmente a los alumnos, porque en cuanto pierde a los demás de vista, se ponen a saltar por encima de las mesas, la ayuda a los alumnos con dificultades se hace imposible. Hay alumnos que comienzan con interés pero terminan tirando la toalla ante el cúmulo de dificultades. Y esto es explicable, podemos exigir a nuestros alumnos que estudien, no que sean héroes. Nuestro sistema no prepara para una competitividad leal, no, ha convertido el estudio en una supervivencia del más fuerte. Pero además, como apunté casi al principio, un sistema donde no se valora el saber ni el trabajo, hace que los alumnos sean más incultos y estén más ociosos, y en consecuencia más propensos a portarse mal. Un alumno que repite curso con ocho asignaturas suspensas sabe que va a pasar al curso siguiente aunque vuelva a suspender las ocho asignaturas. ¿Para que va a estudiar? No se espera nada de él, no tiene que hacer nada y nada va a sucederle aunque no de un palo al agua y entregue todos los exámenes en blanco. Hay un cuento del célebre escritor ruso Nicolai Gogol, intercalado en su novela Las almas muertas, que me gustaría resumirles a ustedes. Es la historia de un profesor muy severo, que exige un buen rendimiento a sus alumnos, simplemente porque la obligación de los alumnos es estudiar y porque él no les pide nada que no esté al alcance de sus posibilidades. Los chicos le quieren, porque un profesor que exige es un profesor que valora la capacidad de los alumnos. Un profesor que se conforma con menos de lo que los alumnos pueden dar de sí, está minusvalorándolos, está, sencillamente, tratándolos como si fueran idiotas. Y nadie se encariña con quien lo trata como un idiota. Los alumnos de ese profesor se portaban bien: estaban tan ocupados en estudiar que tenían poco tiempo para hacer travesuras. Pero he aquí que este profesor se muere y llegan otros con ideas novedosas: lo importante no es el saber, es el comportamiento (en la jerga actual, lo decisivo no son los contenidos ¿les suena de algo?). Y como el saber no era importante, dejaron de estudiar, y de este modo tuvieron tiempo para hacer diabluras. Empezaron a portarse mal. En cuanto se empezó a despreciar el saber frente al comportamiento, no solo decayó el saber de los alumnos, también decayó el comportamiento. Pero de este cuento podemos sacar una segunda moraleja. Gogol murió en 1852, lo cual quiere decir algunas de las sandeces pedagógicas que se dicen hoy como muy novedosas, y que él satiriza, ya se decían, tirando por lo bajo, hace más de 150 años. Una idea no por parecer novedosa es buena, pero además puede suceder que ni siquiera sea novedosa.
Otra cosa relacionada con el descenso de los conocimientos, y que también tiene que ver con la violencia, es el descenso de la madurez. Una persona que necesita ensañarse con otra para sentirse algo es una persona inmadura. La madurez tiene que ver con la responsabilidad, y hoy los alumnos raramente tienen que responder. Si no aprenden, la culpa es del sistema, que no les motiva. Si llevan malas notas, es que el profesor les tiene manía. Si molestan a los demás, es que son hiperactivos. Si son zafios y maleducados, es que son unos inadaptados. Si no estudian, algo les pasa, porque ya se sabe que los chicos tienen una inclinación natural hacia el trabajo, y a la vagancia se la conoce a menudo como “dificultades de aprendizaje”. Hay una tendencia por parte de algunos educadores paternalistas a considerar los defectos como patologías. La madurez consiste en la capacidad de reflexionar sobre los propios defectos, a fin de mejorar, pero si los defectos se consideran patologías, se bloquea toda capacidad de madurar. Lo que voy a decir ahora parecerá muy duro, pero estoy convencido de que es verdad: un niño también puede ser una mala persona, y ser mala persona no es una enfermedad.
Pero nuestro sistema educativo, además de ejercer la violencia sobre los que podrían aprender y no se les deja, también la ejerce sobre quienes estarían más a gusto aprendiendo un oficio y se les hace permanecer durante varios años en el instituto, contado los que le faltan para concluir la enseñanza obligatoria como si fuesen presos contando los que le restan de condena. ¿Y qué hacer entonces con esos muchachos que no quieren estudiar? Sencillamente, proporcionarles un lugar donde puedan aprender la profesión que libremente escojan. Es un disparate que no exista formación profesional antes de los dieciséis años cuando la edad mínima para trabajar es, precisamente, la de dieciséis años. De esta manera, quien tenga claro que quiere trabajar en cuanto se lo permita ley, sólo podrá hacerlo como mano de obra barata, no cualificada. Si un niño, a partir de los doce años, se empeña en no estudiar, no va a estudiar, digan lo que digan las leyes. Ya he apuntado hace un momento que nuestra enseñanza obligatoria no obliga, y esto es así porque es imposible obligar a estudiar, y una ley de imposible aplicación es siempre una mala ley. Se me podrá decir que la edad de doce años es demasiado temprana para que un muchacho tome una decisión tan importante, y es verdad. Es una decisión que no debe tomar él solo, sino con ayuda de algún adulto, padre o profesor. Pero si después de reflexionar persiste en su actitud, y a pesar de ello se le obliga a estar cuatro años más escuchando cosas que no le interesan, los resultados pueden ser mucho más desastrosos. En efecto, si no se puede repetir curso más de una vez (despropósito de la antigua ley que no está enmendado en la nueva) un estudiante puede estar en un curso con todas las asignaturas del anterior suspensas. Esto quiere decir que se le obliga a estar varias horas encerrado en un lugar donde le están hablando de cosas de las que no entiende absolutamente nada, igual que si le estuvieran dando clases sobre la teoría de la relatividad, y además impartidas en chino. Esto es un atentado contra los más elementales derechos humanos. Es además discriminatorio, porque el estudiante se siente completamente marginado en relación a sus compañeros, con los cuales existe una diferencia tan insalvable que no hay clases de apoyo que la puedan superar. En la LOE se da la posibilidad de que, de acuerdo con padres y profesores, un estudiante pueda dejar el instituto a los quince años para aprender un oficio. Esto es un progreso indiscutible sobre la situación anterior, pero sigue siendo demasiado tímido. ¿Por qué para ir a una escuela taller, por ejemplo, se ha de fracasar primero en otra cosa, como si prepararse para la vida laboral fuera algo así como un desahucio? ¿Por qué para conquistar el derecho de aprender un oficio se ha de pagar primero el precio de estar escuchando durante varios años y varias horas al día conferencias sobre la teoría de la relatividad, y además, explicadas en chino? Entonces, si los hechos están demostrando claramente que quien no quiera estudiar no va a estudiar, aunque esté por ley matriculado en un instituto, ¿no es más cuerdo reconocer los hechos y dar otras opciones, en lugar de negar la realidad y dejar el problema sin resolver? La alternativa de si a un chico se le debe obligar o no a estudiar hasta los dieciséis años es falsa. La alternativa real es muy otra: si un muchacho de doce años quiere dejar de estudiar para aprender un oficio, ¿se va a respetar su deseo, o se le va a hacer esperar cuatro años durante los cuales vivirá sin estudiar, amargado y amargando la vida a sus profesores y compañeros? Podremos tenerlo encerrado entre cuatro paredes, pero eso no significa que esté escolarizado. Conseguirá que los profesores trabajen peor y con menos ilusión y que sus compañeros aprendan mucho menos. Entonces, por impedir que tome una decisión que en principio sólo le afectaría a sí mismo, se le obliga a tomar una actitud que afecta negativamente otros. Nuestro sistema impide decidir sobre su futuro a un niño de doce años, pero le permite decidir sobre el futuro de los demás.
Y cuando por fin deja la enseñanza obligatoria, después de años de hastío y aburrimiento, es una persona frustrada y desilusionada, carne de mano de obra barata para empresarios sin escrúpulos. Años de aburrimiento que hubiera podido dedicar a algo que le ilusionase más, durante los cuales se portaría mejor, porque no hay nada como una actividad que te interese para no perder el tiempo molestando nadie, estaría más contento y con ello también sus padres, y no sería una pesadilla para profesores y compañeros del instituto. Pero no es posible. Y todo ello porque, en nombre de una equidad entendida de un modo disparatado, se le ha prohibido hacer algo tan razonable como es preparase profesionalmente y, en cambio, se le ha permitido hacer algo tan poco razonable como no dejar estudiar a sus compañeros. Los alumnos de nuestros institutos se dividen en dos grupos. Unos, que están frustrados porque están en un sitio donde no quieren estar, otros, que también están frustrados porque quieren aprender pero no pueden por culpa de los unos. ¿Es cosa de extrañarse que este ambiente de frustración generalizada genere situaciones de violencia? Quisiera aclarar esto con dos ejemplos. El primero, el de un niño que entró en primero de la ESO dispuesto a no hacer nada, porque el estudio no le interesaba en absoluto. En principio se portaba bien, pero como la ociosidad es madre de todos los vicios, empezó a portarse mal, a robar móviles y a cometer pequeños hurtos. Terminó delinquiendo más seriamente y acabó en la cárcel. La historia terminó bien, porque allí le dieron unos cursos de jardinería, y al quedar en libertad pudo trabajar y reintegrarse en la sociedad. Pero digo yo ¿no hubiera sido mejor que los cursos de jardinería se los hubieran dado antes de delinquir, cuando ya era evidente que al chaval no le interesaba estudiar, y así se hubiera evitado la cárcel? No, había que ser políticamente correcto, y según la corrección política vigente no se puede aprender un oficio antes de los quince años. Y si eso le cuesta la cárcel, peor para él. El segundo ejemplo es menos dramático, pero no por ello menos ilustrativo. Un alumno que no quería estudiar y pasó, como tantos otros, amargando la vida a sus profesores y a sus compañeros. Terminó sin titular, y se puso a trabajar a lo que saliera. Con el tiempo, le entraron ganas de estudiar y se matriculó en estudios nocturnos. Me dijo: “Yo estudio por las noches y trabajo por las mañanas en trabajos no cualificados, pero si durante los años que pasé en el instituto me hubieran dejado aprender un oficio, como era mi deseo, ahora estaría estudiando por las noches y trabajando por las mañanas, igual que ahora, pero en un trabajo cualificado y mejor pagado”.
El sistema pues, ejerce la violencia sobre los alumnos, impidiendo estudiar a quien quiere estudiar, e impidiendo capacitarse profesionalmente a quien no quiere estudiar, pero también tolera la que ejercen los estudiantes. ¿Por qué es esto así? En primer lugar, porque el profesor ha sido despojado de toda autoridad, y las posibilidades de castigar a un alumno que reviente la clase, o diga una grosería, o incluso le dé una patada a un compañero o a un profesor, son mínimas. Y cuando digo castigar no me refiero a una charla con el orientador afeándole la conducta, no, me refiero a un castigo a partir del cual se le pasen las ganas de repetir su gamberrada. ¿Qué diríamos de un ministro de sanidad que creara una ley que obligara a los cirujanos a trabajar en el quirófano con las manos esposadas, y que luego se extrañara del incremento de operaciones fallidas? Es cierto que un profesor no es perfecto, que se puede equivocar, y que de hecho se equivoca, como todo ser humano. Con todo, o se admite que el profesor es quien manda en la clase, y que es él quien ha de tener la última palabra, o todo discurso sobre violencia en el aula y calidad de la enseñanza es un discurso vacío. Si un alumno se siente tratado injustamente, es lícito que lo hable con el profesor a solas, pero no puede enfrentarse con él en público porque entonces el desarrollo normal de la vida escolar es imposible. Si un pasajero de un avión cree que el piloto se ha portado temerariamente, hará bien en dirigir una protesta a las autoridades del aeropuerto. Pero si durante el vuelo los pasajeros deciden no obedecer a la tripulación y constituirse en asamblea soberana para guiar la aeronave, el accidente está prácticamente asegurado. Además, es un error creer que despojando al profesor de su autoridad los alumnos son más libres. Hay un viejo dicho militar que dice que cuando los oficiales hacen dejación de sus funciones, los sargentos tiranizan a la tropa. Los niños de las escuelas de hoy son menos libres que nunca, porque al estar el profesor desautorizado, los más matones de la clase amedrentan a los demás, y el que quiere aprender lo tiene más difícil que nunca porque los que no quieren no le dejan escuchar. Pero hablar de autoridad y de sanciones significa enfrentarse con el complejo de tantos padres y profesores que no quieren reprimir ni frustrar. Pues yo sostengo sin rodeos que quien no quiera reprimir ni frustrar, que renuncie a ser educador, porque sin represión ni frustración no hay educación posible. Cuando se le exige a un niño que coma a horas fijas y no abuse de los dulces, se le frustra. Cuando se le manda apagar la televisión e ir a la cama temprano para que pueda después rendir en la escuela, se le frustra. Cuando se le obliga a ceder el asiento a una persona mayor, se le frustra. Y cuando el profesor le hace repetir un examen porque cree que no ha dado de sí lo suficiente, o le castiga porque se ha metido con un compañero más débil, también le frustra. Educar significa poner límites, y nadie acepta de buen grado los límites. Pero la cordura consiste precisamente en el reconocimiento de los límites. E imponer límites a quien no los puede aceptar por razón de edad requiere necesariamente una cierta dosis de autoridad y de severidad. Y por favor, no se me malinterprete, ni la severidad ni la autoridad tienen nada que ver con el mal genio o los malos modos. Se puede ser exigente con un alumno o con un hijo sin tratarlos por ello con mala educación. Se ha de tener muy presente el sabio consejo de don Quijote a Sancho Panza: A quien tengas que castigar con hechos, no castigues con palabras.
Ahora saldré al paso de algo que probablemente alguno de ustedes estará pensando. ¿No sería mejor dialogar con el niño, para que comprenda que debe portarse bien? Craso error. Se dialoga con alguien cuando se pretende que haga algo que no tiene obligación de hacer. Dialogo con alguien si pretendo que invierta dinero en un cierto negocio, o si quiero convencerle para que vote una determinada opción política. Pero cuando voy al médico, le explico mis síntomas y las razones por las cuales acudí a él, pero no dialogo para convencerle de que tiene la obligación de curarme. Si no quiere atenderme, le denuncio sin pérdida de tiempo. Y si tengo una gotera en casa, aviso amablemente a mi vecino de arriba para que arregle su tubería. Y si no lo hace, pues también le denuncio. ¿O voy a tener que dialogar con él explicándole lo molesto que es tener una gotera en casa? ¿Tendré que soportar la gotera hasta que a él le parezcan convincentes mis argumentos? También dialogan dos partidos que quieran llegar un acuerdo, pero este diálogo desembocará, probablemente, en ciertas concesiones mutuas. Cuando se educa a un niño, se le imponen cosas que tiene obligación de hacer, por lo tanto sin ninguna concesión por parte del educador. Eso de decir, si haces esto te doy un caramelo, es una manera de actuar deplorable, porque se entrar en un intercambio de concesiones en algo que no es una negociación. Es cierto que se debe explicar al niño que la necesidad de seguir un horario de comidas, de no abusar de los dulces, y de hacer las tareas escolares, no es un capricho del educador, es algo bueno para él. Pero, lo entienda el hijo o no lo entienda, no hay más remedio que imponer un horario de comidas, prohibirle abusar de los dulces, y obligarle a hacer las tareas escolares. Del mismo modo que explicamos al médico nuestras molestias, para que me pueda atender y sepa que no hemos ido a la consulta por capricho, igual que le explico a mi vecino lo de mi gotera, para que sepa que mi pretensión de que cambie su tubería no es un capricho mío, pero una cosa es informar y explicar y otra dialogar. A unos amigos míos les sucedió que no podían vivir tranquilos porque el niño del piso de arriba se dedicaba a jugar al balón en el pasillo. Avisaron a los padres, y estos le dijeron que no había manera de convencer al niño para que dejara de hacerlo. ¿Cómo puede haber padres tan inconscientes? Al niño se le ha de hacer ver lo molesto que es su actuación para sus vecinos de abajo, pero después, lo entienda o no, se le ha de exigir que deje de jugar al balón en la casa. ¿O van a tener que soportar los vecinos esas molestias mientras el niño no encuentra convincentes los argumentos del padre? Y si el niño sigue en su actitud, el padre le ha de quitar el balón de las manos, físicamente si es necesario, y si forcejea y no se deja, pues a lo mejor se hace necesaria una bofetada. Por expeditivo que pueda parecer, es mucho más sano una bofetada una vez en la vida que unos padres tiranizados toda la vida por el hijo. Hace unos meses unos jóvenes mataron a una indigente en un cajero. Seguro que antes hicieron gamberradas en el ámbito doméstico, porque nadie se estrena de gamberro con un asesinato. Si a tiempo les hubieran parado los pies, sin diálogo ni contemplaciones, ahora no estarían en manos de la policía. Por no poner límites a tiempo, el primer límite con el que tropezaron fue la policía ¿Y van los policías a dialogar con ellos? Les dirán acaso ¿Es que no sabéis que está muy feo eso de asesinar ancianitas? ¿No sois ya mayorcitos para ir matando indigentes? No, educar a un niño no es llegar a un acuerdo de mutuas concesiones, es imponer unas normas y rutinas que el niño no siempre puede entender, pero que siempre deber acatar. Y a quien esto le parezca obsoleto y represivo, que renuncie a educar. Muchos chicos desnortados, educados sin pautas ni reglas, se integran en las tribus urbanas buscando, precisamente, alguien a quien obedecer, unas normas que seguir. Hay un dicho muy repetido, en mi opinión rigurosamente falso, que afirma que al niño lo educa toda la tribu. Es falso porque nuestra sociedad es familiar, no tribal, y al niño lo han de educar en primer lugar los padres, en segundo los profesores, y si los primeros renuncian a hacerlo, y los segundos no pueden hacerlo porque se lo impide una legislación disparatada, entonces el niño, inevitablemente, busca el apoyo de una tribu. Muchas gracias.

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A continuación se encuentran los links de weblogs que hacen referencia a RESPONSABILIDAD DEL ACTUAL SISTEMA EDUCATIVO EN LA VIOLENCIA EN LAS AULAS:

» El sistema educativo y la violencia escolar de meneame.net
Transcripción de una conferencia de Ricardo Moreno sobre la responsabilidad del sistema educativo actual en el clima de violencia que se respira en las aulas españolas: "Nuestro sistema no prepara para una competitividad leal, no, ha convertido ... [Leer más]

Comentarios

Gracias, Ricardo. Tu trabajo me parece admirable, y es una delicia seguir tus argumentaciones. No sólo estoy de acuerdo con todo lo que escribes, sino que, además, disfruto mucho leyéndote. Me parece que tu forma de escribir es un ejemplo muy bueno sobre la forma de argumentar de manera serena sobre temas que frecuentemente se abordan apeando la racionalidad.
Muchas gracias.

"Una persona que necesita ensañarse con otra para sentirse algo es una persona inmadura."

Exactamente, Ricardo.

Excelente argumentación. Me gustaría que pudieras difundirla en foros más amplios.
Ya veo que conoces las andanzas de Don Álvaro. Pero no estuvo ni está solo, hay más personas de fundaciones pías haciendo estupideces. Desgraciadamente, con el otro grupo de poder regresará el Opus, que tampoco es una buena alternativa.
Padecemos una maldición que no se cómo calificar.

Totalmente de acuerdo con tu tesis: el origen del llamado fracaso escolar no está en la sociedad sino en la falacia del sistema educativo ...
Excelente.
Mi enhorabuena. Me encargaré de divulgarlo.
Feliz año, Ricardo.
Sigue así.

Extraordinario artículo, suscribo integramente tus argumentos, algunos de ellos los había oído anteriormente.
El problema de la violencia escolar reside en el propio sistema educativo que siempre he pensado que es una estafa.
Un saludo

De acuerdo en casi todo. A mí, lo de dialogar, llegar a acuerdos, me sigue pareciendo, una buena forma de educar.

Resulta ya anacrónica la aberrante "ideología" sustentada en la parábola de las manzanas podridas que hay que separar del resto. Parece ser que a algunos se la grabaron a sangre y fuego.

Tienes razón, Hernenegildo, si un chico, hijo de familia modesta, no puede aprender por culpa de los que no tienen el menor interés en ello, que se aguante, porque no se puede discriminar a los boicoteadores. Y si con eso se pone en peligro su futuro profesional, la culpa es de él, por no haber nacido de familia rica, que le hubiera podido pagar un colegio de élite. Y los que sufren agresiones y tratos vejatorios, que lo soporten con cristiana resignación, no vaya a ser que los agresores se puedan sentir discriminados.
Atentamente

PUES CLARO que hay que separar a las manzanas podridas, faltaría más. ¿Es que si un padre medio loco muele a palos a su familia les obligamos a convivir hasta que lo arreglen? ¡hombre, por favor!

El Panfleto es un librito fantástico lleno de sentido común. No creo que nadie que haya visto como esta mierda de leyes educativas le robaba su futuro pueda estar en contra.

Igual se piensan algunos que han ayudado mucho a la clase trabajadora saturando el mercado laboral de licenciados a los que nadie quiere, en lugar de haber sido mecánicos o paletas como sus padres.

"Como sus padres", justamente... Estaría de acuerdo con Ricardo si todos los que "deciden" ser albañiles lo fueran porque es el trabajo que más les atrae pero no es el caso. Todas las estadísitcas muestran que la elección está fuertemente condicionada por los padres, el entorno, las expectativas. Cuanto más temprana sea, más influirán. Y , efectivamente, la mayoría de albañiles tendrán hijos albañiles y la mayotría de licenciados querrán y apoyarán eso para sus hijos. Y no me digan que conocen casos de lo contrario, que es obvio, hablo en porcentajes. ¿Cuántos de los hijos de los que defienden esta separación son peones de la construcción? No digo que las cosas puedan seguir como están, pero esa separación a los 12 años no hará más que empeorar las cosas. Eso sí, los que "quieren" estudiar podrán hacerlo tranquilos con los profesores que quieren librarse de según qué elementos o "manzanas podridas"

Laura:
Ningún alumno es un elemento, y mucho menos una manzana podrída, término que ha introducido Hermenegildo. Todo alumno de 12 años, es suceptible de mejora. Meterlo en una clase con otros 30-34, y 10 o 12 profesores, si no quiere estudiar, es una pérdida de tiempo, para todos los implicados.
¿no te parece más operativo, ofrecerle un menú, que pueda digerir, y que no provoque su rechazo?
Igual, deberían quedarse al menos,un par de añitos más, en primaria, hasta que tengan los mínimos básicos instrumentales, y luego ofrecerles programas de cualificación profesional..., mejor eso, que no esten en las calles, excluidos, expulsados, absentistas...
¿No te parece...?

'Eso sí, los que "quieren" estudiar podrán hacerlo tranquilos con los profesores que quieren librarse de según qué elementos o "manzanas podridas"' Tienes razon, Laura, todos los que quieren estudiar podrían, efectivamente, estudiar (lo cual es algo a lo que en justicia tienen derecho), y entre ellos están los hijos de albañiles con interés en aprender para tener distintas opcciones en la vida. Pero el sistema actual penaliza, precísamente, a los hijos de las clases más modestas, que no tienen otra opción para promocionarse que la escuela pública, y resulta que su futuro queda en manos de los gamberros y boicoteadores que no les dejan estudiar.
Atentamente

Laura, tienes una empanada mental que no te la crees.
Dices: "Estaría de acuerdo con Ricardo si todos los que "deciden" ser albañiles lo fueran porque es el trabajo que más les atrae pero no es el caso.". A ver, maja, ¿Sólo se puede trabajar en lo que a uno "le atrae"?¿y si lo que les atrae es el dinero, la posibilidad de trabajar cuanto antes, o el nulo desempleo de la construcción?. ¿Decides tú lo que es vocación?. ¿Y lo que es suficientemente bueno para la clase obrera?.

Pues yo me he hecho la vida muy ricamente currando en lo que salía, sin más vocación que cobrar a fin de mes, y me basta. ¿Es suficientemente bueno para tí o condicionaré negativamente las espectativas de mi prole? ¿si conocen mi profesión los pérfidos maestros bajarán las notas para perpetuar la "brecha social"? ¿si no eres licenciado, estás más cerca del eslabón perdido? ¡vivo en un sin vivir!

LO DIJE, y lo repito: que dejéis en paz a los peones de gremios, que no necesitamos ingeniería social. Empezad a dar una calidad en la enseñanza, y sobre todo un ambiente de orden en la clase donde no vayan los hijos como a la guerra, y si tan incomprendidos os parecen los navajeros yonkis de quince años adoptais uno, pero no le cargueis el muerto a los hijos del vecino.

"Igual se piensan algunos que han ayudado mucho a la clase trabajadora saturando el mercado laboral de licenciados a los que nadie quiere, en lugar de haber sido mecánicos o paletas como sus padres."

No es de extrañar que personajes que dicen lo anterior se sientan fascinados por las propuestas educativas de Ricardo: "tanto monta, monta tanto"

Diego, no te has enterado de nada, pedagogos del mundo entero: encerraos en casa, y dejad de destrozar la educación

REPITO, Diego Ureba:
¿QUÉ PROBLEMA TENÉIS CON LOS PEONES DE GREMIOS? ¿Es algo deshonroso de lo que haya que salvar a la siguiente generación?

¿Ha servido de algo hacer creer a una generación entera que un título universitario era la clave del éxito en sí misma? Para encontarse con 25 años, licenciatura y máster, sin experiencia laboral y con menos ofertas de empleo que un FP1 de los antiguos? ¿ESO es ayudar al obrero? ¡Anda ya!

Así que eso de Universidad para todos, para empezar es una estafa, porque si todo el mundo tiene un título es como si nadie lo tuviese. Y el tiempo no vuelve atrás para optar por la rama profesional.

Para seguir, cuanto más se rebaje el nivel de acceso a la uni, peor todavía, porque el título sirve aún de menos y la calidad educativa disminuye (por aulas saturadas y desfase de conocimientos con los requeridos).

Además estáis cargando el muerto del alumno problemático, el mamporrero (sí, hijos, los hay que dan palizas), el acosador sexual (podemos fingir que es cosa de la edad hasta que pasen los años y le vemos en los periódicos), el que no habla el idioma, el que odia el país al que sus padres le han traido, el que tiene problemas cognitivos de la A a la Z, todos los que queráis, le estais cargando el muerto a los hijos del vecino. Y a sus profesores. Pero estos últimos al menos son adultos, con la personalidad formada y otras armas para defenderse; amen de que es una profesión, y si todo falla, se puede desertar.

Pero ¿y los hijos? Ni encuentran calidad ni encuentran paz. Y de ellos sí que no es la culpa si al "compañero" de clase que les ha tocado en gracia no le quiere su padre. Qué manía con mirar "hacia abajo" y no ver a las personas como individuos sino como "clase social".

Además ¿qué se está buscando en realidad? ¿que el porcentaje de universitarios sea exactamente, exactamente, exactamente el mismo en hijos de obreros que de profesionales? ¿y eso qué más da?

Lo grave sería que no hubiese movilidad de clases. O que estudiar fuera la diferencia entre comer o no comer. Pero hombre, que no todo el mundo quiere lo mismo en la vida, y si a uno le gusta su barrio y la vida de su padre, ¿qué pasa? ¿Tiene que venir un pedagogo a decirte "oh, obrerito, no te quieres lo bastante?. ¡Hombreeeeee!

Laura:
Dices que las cosas no pueden seguir como están.
¿Hacia dónde deben dirigirse?¿qué cambios propones?
¿Qué ves de positivo en la acual situación?
Ahora:los alumnos y profesores que quieren dar clase no pueden, y los alumnos objetores antiescuela no estudian ni sacan nada productivo,aunque os empeñéis en salvarlos voluntaristamente y aunque la LOE escriba en su letra toda la filosofía, fuera de la realidad, para que estudien.
Yo repito el mismo estribillo siempre:
prefiero un alumno objetor integrado y que salga con unos conocimientos básicos instrumentales y con una formación preprofesional(que es lo que defendemos algunos),que lo que ahora tenemos:vagos aburridos y conflictivos que terminan expulsados o abandonando en la calle,sin título,sin conocimientos y sin formación alguna,o sea mano de obra barata,que defienden(defendéis ) otros,aunque no lo digan.

Hermenegildo:
A las "manzanas podridas"(el calificativo es tuyo,no mío,hay que seguir tratándolas como ahora:
Se las sienta en una mesa,con 11 asignaturas,en jornada continuada.
Se espera que te boicoteen y te insulten y se les expulsa una y otra vez,hasta que se van aburridos antes de los 16 a la calle.Sin título alguno.
Eso es lo que tenemos que seguir haciendo,que es muy bueno para ellos,para los otros alumnos y para los profesores.

Como ya he dicho en otro comentario, sobran albañiles y faltan "buenos albañiles". A mi esta discusión me recuerda a la polémica que hubo hace años con respecto a la "Mili-PSS-Insumisión". Cierto que, históricamente, el servicio militar obligatorio fue un logro democrático frente al sistema de siglos anteriores, pero llegado el final del siglo XX el antiguo derecho se había convertido en obligación. Una solución temporal fue la alternativa mili-PSS, pero ésta última servía básicamente para que las administraciones se ahorrasen una serie de sueldos sin ofrecer una auténtica formación, de ahí que muchos se hicieran insumisos (recordad aquel eslogan : "ni mili ni PSS"). Creo que la formació militar de los actuales profesionales es mejor que la de los reclutas de antaño (más de uno se acababa suicidando en una garita). ¿Por qué no aplicar un sistema similar?. Quien quiera estudiar (gratis), que estudie (gratis), pero en condiciones óptimas. Quien busque prepararse para un oficio, que tenga la oportunidad de hacerlo (también gratis y en condiciones). En realidad, a nuestro mercado laboral le sobran universitarios y le faltan peones y técnicos bien cualificados.

RM y SGG
No creo que haya que seguir como ahora, yo también doy clase y sufro las consecuencias de lo que denunciáis, pero desde luego la solución no me parece que pase por lo que propone Ricardo o por grupitos según capacidades o preseuntos intereses.

Cosas que creo que podrían mejorar:
- exigir más desde primaria
- una inspección que aparte de pedir programaciones y papelitos, ayudase a los profesores, controlase que se impartan los mínimos, intervenga ante los desmanes de algunos directores
- reducción de ratios inmediata en los centros más complicados
- que cada profesor pueda escoger, aparte de zona, tipo de centro y grupo, incentivando con puntos o dinero los que a priori pueden ser más complicados de cubrir
- centro de formación del profesorado basado en el intercambio de experiencias útiles y no en pedagogía teórica
- enseñanza basada en los problemas cotidianos, cambio de currículum pero para todos y no sólo los que van peor
- refuerzos extraescolares gratuitos en el propio centro para prevenir las carencias y no actuar sólo cuando ya es tarde

O sea, lo que se viene reivindicando desde hace años sin que nos hagan caso. Si uno plantea estas mejoras y no sólo no las conceden, sino que "reforman" con más de lo mismo, llega un momento en que muchos profesores se vuelven "objetores educativos" y empiezan a pensar que era mejor no haber "reformado" nada. Es un mecanismo psicológico de autodefensa para no caer en la "depre" pura y dura. No es el mejor método, desde luego, pero cuando llevas años dándote de cabezazos contra el mismo muro, no se te ocurren otras cosas. Admito que yo mismo me lo planteo más de una vez durante el mismo curso. Luego recapacito y me digo: "quizás el curso que viene sea mejor" (y así llevo catorce años).

Laura, de acuerdo en casi todo lo que propones, excepto tu 2º guión.
No espero de la inspección ayuda. Te recuerdo, que en el borrador de la carrera docente, se reserva un tercio de plazas a los directores, para acceso a la inspección. Así que los pro-Loe-Logse, lo tienen más fácil.
En realidad, el acceso a la inspección, siempre estuvo condicionado, por el poder político dominante. Ayer eran los de la dictadura, luego los "trepas" del Psoe..., que pretenden perpetuarse con la "carrera indecente"-no docente.
Así que desde la utopía, algunos aspiramos a que los inspectores, retomen la docencia cada x años, y estén un mínimo de 2 años, currando con alumnos de ahora, para actualizarse..., como los compañeros liberados de los Ceps.
La anterior norma, sería interesante su aplicación a legisladores educativos, liberados sindicales...

Laura:
Algunos de tus puntos son de la carta a los R. Magos que venimos escribiendo desde los 90,pero que nunca nos los echan.Parece que algunos creemos poco ya en esa carta,porque no pensamos ver nunca esos regalos.
Primaria:
Con la LOE sigue todo prácticamente igual-
Inspección:
Siguen siendo burócratas que vienen,si vienen,a complicarte la vida sobre burocracias inútiles.
Ratios:
El Psoe es "muy comprensivo" y aumenta la ratio en Secundaria a 33,por necesidades.
CEP:
Mucha teoría,poca práctica,mucha filosofía proLOE,para convencernos de lo bueno de la ley.
De acuerdo en cambio de currículum y aumento de refuerzos.
Pero a pesar de todo ello,hay alumnos,que nos guste o no,se niegan a hacer nada.Son malos estudiantes,pero pueden ser buenos profesionales.
¿Qué hacemos con ellos?.
Si los Reyes Magos y sus ideólogos y burócratas(inspectores,"cepianos",sindicalistas,asesores... )dieren clases,puede que viéramos esos regalos.

Um excelente artigo de Desidério Murcho publicado no Público de 4/1/2007:

"Os Encontros de Caparide foram uma louvável iniciativa do Ministério da Educação, que pretendia ouvir as sociedades científicas sobre o ensino de algumas disciplinas fundamentais (Português, Matemática, Filosofia) cujas deficiências a nível de currículos são gritantes. Foram tempos áureos, em que um ministro da Educação, David Justino, se preocupava com questões relacionadas com o ensino e não apenas com questões laborais e meramente organizacionais. O cerne da excelência do ensino é a solidez científica dos currículos e a formação científica dos professores, mas as discussões públicas nacionais sobre educação nunca abordam estes aspectos centrais. Até parece que tudo o resto é que é a finalidade do ensino, quando na verdade são apenas meios.

Dos Encontros de Caparide resultaram dois livros. O primeiro, dedicado à Filosofia (Para a Renovação do Ensino da Filosofia, Plátano), foi publicado no início deste ano. E este volume, dedicado à Matemática, surgiu agora. No primeiro caso, trata-se de discutir uma proposta concreta que visa melhorar a qualidade científica e didáctica dos programas de Filosofia do ensino secundário. No segundo, trata-se de discutir questões pedagógicas gerais que afectam não apenas a disciplina de Matemática, mas todas as outras.

As desastrosas doutrinas pedagógicas que imperam em Portugal, algo pós-modernaças e "construtivistas", são elitistas - apesar de fingirem o contrário - e têm por denominador comum um ódio visceral às Ciências, à Matemática, à História, à Gramática, à Literatura, à Filosofia; enfim, a tudo o que se pareça com verdadeiros conteúdos escolares.

Em vez de conteúdos, fala-se de competências - como se pudesse haver competências sem conteúdos.

E em vez de se distinguir cuidadosamente o que são verdadeiros conteúdos escolares do resto, procura-se transformar a escola numa espécie de entretenimento com ademanes de educação para a cidadania - tudo, menos ensinar seriamente Matemática ou Geografia ou Filosofia ou História ou Música.

A origem destas ideias remonta a Rousseau e à fantasia do bom selvagem, e o que se visa é acabar com as Ciências, as Artes e as Letras, pois tudo isso corrompe a criança, que é presumivelmente mais feliz a ver televisão e a jogar à bola. Claro que tudo isto é fantasioso porque para andar a entreter os meninos com conversa fiada não é preciso escola: as crianças divertem-se muito mais fora da escola, e no mundo de hoje não têm sequer tempo para se aborrecer.

Fantasioso é também querer certificar manuais escolares quando os programas das disciplinas, que foram certamente certificados pelo próprio ministério, são o locus classicus do erro científico e do disparate pedagógico. Em muitos casos, para que um manual seja cientificamente bom e pedagogicamente adequado, é obrigado a não respeitar o programa. Isto porque os programas se degradaram de tal maneira ao longo dos anos que, hoje em dia, ao ler um programa curricular de Filosofia ou Português ou outra disciplina, uma pessoa pergunta-se onde está a Filosofia ou o Português.

Os pedagogos ministeriais impuseram ao país a original perspectiva de que se pode ensinar Português sem Português, Filosofia sem Filosofia e Matemática sem Matemática. Ao mesmo tempo que os estudantes são massacrados com inúmeras disciplinas vácuas sem qualquer centralidade escolar, não têm uma educação básica em Música, nem em Literatura ou Filosofia ou Geografia. Se um estudante de 15 anos quer saber alguma coisa sobre estas coisas, tem de o fazer fora da escola. Mas se quiser brincar aos índios, pode fazê-lo nas chamadas "actividades educativas", em substituição das aulas de Matemática. É esta a educação pimba que temos.

Mas não é esta a educação que a sociedade, no seu todo, quer. Os pais, com maior ou menor formação escolar, queixam-se de que a escola não ensina. Os miúdos cantam, com razão, que "na escola nada se cria, nada se transforma, tudo se perde". Os professores andam há anos a denunciar este estado de coisas. Mas os pedagogos ministeriais vão passando de governo para governo, conseguindo ora mudar a Gramática toda, prejudicando gravemente a possibilidade da excelência do ensino do Português (se antes poucos professores sabiam e ensinavam Gramática, agora ainda menos - ou será que a ideia é mesmo essa?), ora suspender documentos que introduzem conteúdos científicos sérios num programa que carece deles (como foi o caso da badalada suspensão das Orientações de Leccionação do Programa de Filosofia). A ideia de trabalhar pelo bem do país, pela excelência do ensino, em defesa do interesse público, é alheia a estes originais pedagogos.

Numa cultura como a portuguesa, na qual nunca se valorizou realmente o conhecimento - afinal, no tempo da outra senhora, o conhecimento era um ornamento social para exibir em conversas amenas enquanto se tomava chá -, compete à escola entusiasmar os jovens e a sociedade, dando-lhes uma percepção clara do valor intrínseco do conhecimento. Mas quando é o próprio ministério da educação que não acredita no valor intrínseco do conhecimento, dificultando cada vez mais o estudo aos muitos professores sérios que temos por esse país fora, afogando-os em trabalho burocrático e em horas contabilizadas nas escolas só para marcar ponto, que se pode esperar do nosso futuro? Como poderemos recuperar o tempo perdido, tanto no que respeita ao ensino da Matemática como no que respeita às outras disciplinas? Seja qual for a estratégia, o primeiro axioma tem de ser este: o conhecimento tem valor intrínseco, em si e por si, e é do maior interesse público protegê-lo e transmiti-lo, e ensinar a produzi-lo - e só a escola pode fazer isso, ainda que infelizmente o tenha de fazer contra o Ministério pimba da Educação."
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Citado do:
ensinarnaescola.blogspot.com

La educación en España sólo puede arreglarse si se establece el libre mercado, como en tantos otros ámbitos de la vida. El Estado sólo debe hacer el papel de guardia de tráfico, para que no haya colisiones. Ya está bien de tanto intervencionismo. ¡Libertad! El papel del Estado es establecer unas condiciones MÍNIMAS para que, en lo demás, los ciudadanos eduquen a sus hijos como les dé la gana. Con la competencia aumentará inmediatamente la calidad. Me imagino las críticas progres; pero anticipio que no voy a perder el tiempo contestándolas.

Estimado Joxean:
Muchas gracias por participar en este foro, aunque hubiera preferido que no te negaras a debatir de principio. Es cierto que hay veces en las que no merece la pena discutir (yo mismo he cortado alguna polemica en este mismo blog con quien, a falta de argumentos, hacía juicios de valor sobre mi persona) pero esto es, precisamente, un foro de debate. Aclarado esto, te contesto. No estoy de acuerdo con tu propuesta por la sencilla razón de que se parece mucho al sistema vigente, con el cual discrepo claramente. Fíjate que en la ley actual de educación el estado sólo se responsabiliza de un mínimo que cada vez es más mínimo: ahora se podrán titular con dos o tres asignaturas suspensas. Todo lo que ofrece el estado, por mucho que se hable de "calidad de la educación", es un título que no significa nada y unos conocimientos, no ya mínimos, sino vergonzosos. Y el que quiera una enseñanza mejor, que se la pague. Dices que cada uno ha de educar como le de la gana, pero si a un chico le da la gana de estudiar y aprender mucho, y no es de familia con posibles, no va a poder ejercer esa libertad que tu propugnas, porque el estado tan solo le garantizó esos mínimos. Por eso yo sostengo que el estado ha de proporcionar una enseñanza basada en el rigor y el trabajo, donde puedan aprender tantos y tantos chicos de origen modesto que hoy se pierden por culpa del jaleo que arman los que no tienen el menor interés en aprender.
Atentamente

No es raro que al calor del entusiasmo de Don Ricardo por la competencia aparezca por estos lares otros similares para situar la competencia en su lugar natural: el libre mercado. Lugar este muy de izquierda, ¿verdad, Don Ricardo? Tampoco es de extrañar que preconizando tales valores sus amigos de "Libertad Digital" y la COPE lo eleven a los altares. A pesar de los esfuerzos que hace con los guiños izquierdistas de la religión, la violencia de género o la homosexualidad. Esto último cómo dijo aquí uno con el Gatopardo y una camisa roja: "cambiar todo para que no cambie nada"

El libre mercado...el libre mercado que deje fuera a tantos y tantos ciudadanos que no podrán NUNCA pagar a sus hijos una educación ni de mínimos ni de nada. En el país de los mileuristas, donde no ya la educación sino la misma subsistencia diaria es cada día más difícil vienen pregonando la necesidad del libre mercado...
Eso os gustaría a muchos, reservar el conocimiento, la educación a los mismos elegidos de siempre...Para así lavar mejor el cerebro.
Hermenegildo...parece mentira que defienda una educación pública como la actual que en lugar de servir de escalón para lograr una ciudadanía reflexiva y consciente de lo que ocurre en su circunstancia vital, propugne una educación expendedora de títulos vacíos de contenido. Unos titulados más engañados que nunca que además de morirse de hambre se pudrán de frustración al darse cuenta de que ese título que les han dado no sirve ni para adornar el cuarto de baño.

Para la antología del disparate:

Esto último cómo dijo aquí uno con el Gatopardo y una camisa roja: "cambiar todo para que no cambie nada".

Nos hemos tronchado de risa. Hay que ver las cosas tan graciosas que se pueden decir cuando uno ignora de lo que habla y desconoce el significado último de las palabras y símbolos que utiliza.
Sí, señor, don Hermenegildo: acaba usted de describir maravillosamente el espíritu educativo de la LOE.

A todos los que frecuentais este blog:
En mi intervención anterior hablé de los que hacen juicios de valor sobre el interlocutor en lugar de razonar. Amablemente, don Hermenegildo (que si a él le gustan los tratamientos, por mí no ha de quedar) se ha apresurado a proporcionar un ejemplo con su intervención. Sigo sin entender la razón por la cual es de derechas propugnar una educación de calidad para que los niños pobres puedan enfrentarse a la vida en las mismas condiciones que los ricos. Don Hermenegildo tampoco lo entiende, porque no lo explica. Por ello, como carece de inteligencia para elaborar argumentos, se limita a meterse conmigo. Me recuerda a Federico Jiménez Losantos, que en lugar de razonar, despotrica contra el adversario. Pero ya se sabe, lo más parecido a un tonto de izquierdas es un tonto de derechas. Atentamente

Estimado Don Ricardo (permítame el tratamiento desde el respeto y la consideración):
Tener ideas –aunque sean propias- es ardua y difícil tarea. Lo fácil es subirse al carro y preguntar al de al lado qué es lo que hay que pensar.
A veces uno discrepa del mismo sujeto o de las mismas ideas, pero por diferentes motivos, a veces hasta opuestos. Vaya por delante un ejemplo basto y vasto al mismo tiempo, pero fácil de entender: Stalin y Roosvelt lucharon contra Hitler, pero no en el mismo carro. Sería absolutamente estúpido creerlo así, como tantos años de guerra, fría, caliente y templada demostraron con posterioridad.
Resulta cansino, pelmazo y hasta intelectualmente ridículo este defenderse de continuo de aquellos que quieren subirnos en el mismo carro del PP, de la COPE o de no sé qué Libertad Digital. Personalmente jamás he oído la COPE, ni he votado al PP , ni visito las paparruchas histéricas de Libertad Digital (de las que, por cierto, me tiene al corriente un compañero del PSOE) porque me aburren como una ostra.
El ejercicio de la libertad tiene, seguramente, estas servidumbres: en vez de arrojar de nuestro carro a los que se quieren subir en él hay que negar de continuo que estamos en el carro de quien algunos quieren o les interesa. Vaya coñazo.
Con afecto

Puedo aportar un caso real, el mío, de como mis hijos han acabado estudiando en la Concertada. Básicamente por dos motivos:
1) El colegio público que nos correspondía no nos parecía que iba a asegurar el mínimo que deseabamos.
Para llegar a esa conclusión, aproximadamente un año antes de escolarizar al primer hijo estuvimos preguntando a conocidos, vecinos, etc que tenian hijos en ese colegio y en otros Concertados y Privados.
2) Economicamente nos podemos permitir la opción elegida.

Por lo tanto estoy de acuerdo en que una enseñanza Pública de menor nivel (en mi caso, apreciación subjetiva) que la Concertada o la Privada perjudica al que menos tiene.

Una curiosa referencia al "Panfleto antipedagógico".
http://www.adelat.org/index.php?title=el_verdadero_problema_del_sistema_educat&more=1&c=1&tb=1&pb=1#c2250
Desde luego, la ideología educativa dominante está firmemente establecida.
Saludos.

Me parece que para el debate ni procede ni viene a cuento qué lee o escucha cada cual. No me parece que el acierto de tal o cual propuesta EDUCATIVA venga con el carnet de militante de nada, la verdad.

Precisamente, si la escuela se ha ido al peo en los últimos tiempos ha sido por intentar usar la enseñanza para conseguir "un mundo ideaaaaaal..."(suene de fondo la músiquita Disney ad hoc). Me parece una estafa para la chavalería. En lugar de prepararles para la realidad monda y lironda y darles las pautas para hacerlo lo mejor posible con sus vidas, se les ha usado de figurantes en la comedieta socio-fantabulosa-sin exclusiones. La escuela no está para hacer política.

Los mileuristas son la consecuencia de hacer creer a una generación que podía estudiar "lo que quisiera". Como si la realidad laboral, que mira que es terca la tía, fuera a plegarse a su voluntad y ofrecerles también el trabajo que quisieran ellos. Igualito que jugar al poker con las cartas que uno NO TIENE, vamos.

La pedagogía bebe de utopías que han acabado con millones de muertos, en Cambodja, los jendarmes rojos asesinaron a individuos por llevar gafas, intentar crear al hombre nuevo ha acabado siempre mal.

Un profesor de un instituto denuncia a un alumno por agresión 12/01/2007
Agencia EFE

Un profesor de un instituto de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) de Mutxamel (Alicante) ha denunciado a un alumno de 13 años, que padece un trastorno que le impide controlar sus emociones, por agredirle tras discutir con él en clase, según informó el director del centro, Francisco Antón. La supuesta agresión se produjo el pasado martes a la una y media de la tarde, cuando "hubo un enfrentamiento entre el alumno y el profesor" porque el segundo le había pedido "una serie de cosas y este chico dijo que no. Se puso nervioso, le insultó, le amenazó y salió fuera del instituto", señaló Antón a EFE. Cuando acabaron las clases, a las dos y diez, el alumno continuaba fuera del centro y el director pidió al profesor que fuera a Secretaría para poder hablar, cuando el joven "entró fue directamente a Secretaría e intentó agredir al profesor". "Fue en un visto y no visto. Yo estaba en la puerta de Secretaría y prácticamente no me dio tiempo a reaccionar, y cuando nos dimos cuenta ya estaba intentando agredir al profesor. Éste puso las manos para parar el golpe, separamos al muchacho, lo dejamos fuera de Secretaría y se fue a su casa", relató el director. El centro se puso en contacto con el padre del alumno y con la Policía Local, y por recomendación de ésta el profesor presentó una denuncia en la Guardia Civil. Antón explicó que el IES decidió expulsar al alumno durante quince días, hasta que se resuelva el expediente que se le ha abierto, al tiempo que se puso en contacto con los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Mutxamel, "que ya conocen las problemática de este niño". Al parecer, según el director del centro, el menor sufre "un descontrol de la personalidad, de la emoción" y está en tratamiento psiquiátrico, aunque se confía en que la situación mejore cuando pase la adolescencia y "vaya controlando sus emociones".

EL PAÍS Cataluña

El 36% de los alumnos creen que debería haber más disciplina en los institutos
El 36% de los alumnos de secundaria consideran que en los institutos de Cataluña hay menos o mucha menos disciplina de la necesaria, mientras que hace cinco años esta opinión era compartida por uno de cada cuatro estudiantes. La percepción es muy diferente según la titularidad del centro y mientras que en los institutos públicos se considera que existe poca disciplina por el 43,8% de los encuestados, en los privados es del 24%.

Los datos se recogen en la Encuesta sobre Convivencia Escolar y Seguridad en Cataluña elaborada por los Departamentos de Interior y de Educación de la Generalitat sobre una muestra de 10.414 alumnos. El 44% de los alumnos creen que la disciplina que existe es la correcta y sólo el 18,1% la considera excesiva.



CONCAPA pide que el agresor se marche del centro educativo en casos de violencia escolar
MADRID, 10 Ene. (EUROPA PRESS) -

La Confederación Nacional Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos (CONCAPA) reclamó hoy que, en los casos de violencia escolar entre estudiantes, sea el agresor el que se marche del centro. Así, solicitan a las autoridades educativas "suficiente sentido común" para que los actos "graves" de violencia escolar supongan el apoyo "incondicional" a las víctimas y expulsar a los agresores del colegio.

En concreto, CONCAPA apuesta en un comunicado por un apoyo "incondicional" a las víctimas, a quienes --subraya-- en justicia hay que "restituir la libertad que les arrebatan sus agresores" para que puedan tener una convivencia "pacífica" que les permita instruirse y formarse "adecuadamente", dentro del mismo centro.

Sancionar a los agresores con la expulsión del colegio si así lo considera el consejo escolar, no sólo como medio coercitivo que permita aprender las consecuencias de sus graves actos sino también como ejemplo para el resto del alumnado que tiene que percibir "con claridad" que los premiados nunca son los agresores es otra propuesta de estos padres.

"En caso contrario, las autoridades educativas en lugar de formar estarán primando la violencia", afirma CONCAPA, a raíz de que un alumno en Barcelona se haya cambiado de centro educativo tras sufrir acoso escolar. Así, denuncia una "política de tolerancia con el agresor o infractor" de las normas de convivencia "más básicas o elementales", que produce efectos "perniciosos" que redundan en más violencia.

En esta línea, CONCAPA insiste en que se convierte a los "antihéroes" en modelos educativos "que se pavonean impunemente frente a sus compañeros, que ven como conductas incluso muy violentas no llevan aparejada la más grave de las sanciones como es la expulsión del centro

Cuentan que en época muy reciente (no sé si aún siguen en ello) había una orden religiosa que en sus colegios utilizaban una pedagogía muy particular para desarrollar la competitividad. Consistía tal pedagogía en asignarle a los alumnos su émulo y por lo tanto todos eran . Así que cualquier actitud positiva de uno implicaba un detrimento de su émulo y el proceder negativo de unos suponía un beneficio para sus émulos.
Los curas tenían (¿y tienen?) estas cosas que tanto ayudan a las personas a entenderse y fomentar la colaboración. Algunos émulos al cabo de los años persisten en actualizar tal pedagogía y la defienden hasta en ponencias.
Desde luego que a uno no le queda más remedio que entender aquello que dijo alguien antes morir: "todo queda atado y bien atado"

Hermenegildo, a todos los pedagogos y defensores de la LOGSE, LOE y demás nefastas reformas educativas, os obligaría a recitar de memoria la lista de los reyes godos.

Hermenegildo, plasta, la gente como tú lleva más años justificándose en el franquismo de lo que llegó a durar éste,¡kopóóóóóóóón!

¡Tengo una idea! ¡Deberíamos suprimir ese resabio del franquismo que era la tabla de multiplicar! ¡Si se usaba entonces, no puede ser buena!¡Oh! ¡Ah! ¡¿Y el alfabeto?! ¡Otro medio de manipulación de masas!¡Esclavizándonos desde el nefasto IMPERIALISMO romano! (porque...¿qué nos han dado los romanos, eh?)

Si antes menciono lo de no andar faroleando de militancia a la hora de discutir un asunto meramente educativo...

Como todos los asíduos de este blog podeis ver, la capacidad de razonar de Hermenegildo sigue bajo mínimos. ¿Qué tendrá que ver propugnar un sistema que proteja a los más débiles frente a los más matones, y a los que quieren estudiar frente a los boicoteadores, con los "émulos" de los curas?. Y ya que tanto le preocupan a algunos los resabios del franquismo, es bueno recordar que la jerga pedagógica entró en España con Villar Palasí, precísamente un ministro del dictador. Ya entonces empezó a hacer estragos, que han ido medrando hasta la situación actual. Es muy importante recordar esto a tanto progre distraído, que no sabe que no basta renegar de la dictadura (lo cual está muy bien) para ser inteligente.
Atentamente

"...porque la competencia es tan intrínseca al ser humano como el sexo,..."

De la demagógica, populista, pobre y falaz ponencia.

"1.5. Cuando ocho personas vienen a comer y la mesa ha sido preparada sólo para cinco, la "ley" de oferta y demanda elevaría el precio de la comida al nivel que tres de las personas deberían abandonar la partida porque sería demasiado costosa para ellas. La competencia y las leyes de la primacía del mercado conducen a enriqucer aún más a los ricos y a empobrecer a los pobres. Entonces, ¿qué hacer? Pues, cooperar y negociar, de modo que las ocho personas puedan compartir de la mejor manera las cinco comidas.
1.6. Un caso empírico, es el de la agricultura a nivel mundial. No podemos imaginar que los países industrializados (como Estados Unidos, la Unión Europea o Japón) abandonen a sus campesinos, pero al mismo tiempo es urgente ayudar a cientos de millones de campesinos de los países del Sur a ganarse la vida con sus actividades agrícolas exportando una parte de su producción y permitiendo con ello que las personas hambrientas puedan alimentarse. En este caso como en la mayor parte de los otros, las soluciones deben ser buscadas por el lado de la negociación porque sería absurdo intentar simplemente restaurar las leyes del mercado.
1.7. Finalmente, esto significa que nosotros no aceptamos vivir en, y pensar independientemente de nuestras comunidades (a nivel local, nacional, mundial) como en una "Ecocracia". Rechazamos la dominación de la economía sobre el funcionamiento de las comunidades y pensamos que este debe ser gobernado por la búsqueda colectiva del interés común definido y estimulado por la ética. Esto significa que la economía debe ser subordinada ello. En francés, "l'intendance doit suivre", es decir, toda la " gestión de estado" debe ser organizada en pos de atender a las aspiraciones y metas colectivas.
1.8. Esto significa igualmente que el mercado, en su significado usual de economía de mercado y leyes de mercado, no puede ser asimilado a la democracia. La democracia es cooperación y no competencia feroz, la democracia es negociación y deliberación y no subordinación a leyes supuestamente naturales, la democracia es el intercambio entre los iguales y la cooperación. Las metas colectivas deben ser diseñadas democráticamente. Particularmente aquellas concernientes a las actividades económicas: ¿qué producir y cómo, para el bienestar colectivo presente y futuro?"

"Y a quienes dicen que nuestro mundo es competitivo y desquiciado, hay que recordarles que la competitividad es una conquista de las sociedades democráticas."

Más de lo mismo.

¡Y dale molino!

El hambre en el mundo NO ES un problema educativo.
La falta de conocimientos SÍ ES un problema eductaivo

La guerra de Irak NO ES un problema educativo.
La violencia en las aulas SÍ ES un problema educativo.

Fácil, ¿no? Pues hale.

Que si se forma bien a los chiquillos, bastante se ha conseguido. NO TIENEN QUE CARGAR CON TODOS LOS MALES DEL MUNDO.

Oh y por cierto: el mercado de los productos agrícolas es el menos libre que existe. Eso es lo que pasa por tener el mercado INTERVENIDO.

Felicitaciones a Hermenegildo:
Hasta ahora Hermenegildo me ha atacado atribuyéndome cosas que no he dicho y haciendo juicios de valor sobre mi persona. Ahora ya toma extractos de mi ponencia, con lo cual me atribuye cosas que sí he dicho. Esto es un gran progreso, por lo cual le felicito sinceramente, y además le agradezco que con sus citas contribuya tan eficazmente a la difusión de mis ideas. Es cierto que no es capaz de rebatir ninguna de mis afirmaciones con argumentos racionales, pero tratándose de Hermenegildo sería mucho pedir.

Me gustaría hacer un par de comparaciones que me parecen curiosas. Veamos:

- En una academia de inglés, por ejemplo, la gente se agrupa en niveles de conocimiento, no de edad. Son grupos pequeños, y el aprendizaje se pone a prueba constantemente mediante ejercicios, audiciones y exámenes. Existe una evaluación contínua, por tanto. Además, se prepara a la gente para exámenes de grado externos (Escuela Oficial de Idiomas, Cambridge, Trinity College), que son corregidos lógicamente por personas externas al centro, y denotan el nivel del alumno de cara al exterior. Si alguien fuese un zote con el idioma o se le cambia de clase y grado o se le invita a dejarlo. Si alguien no está conforme con su academia, se da de baja y busca otra más a su gusto.

¿Por qué si todo el mundo ve este método como el óptimo, luego pone el grito en el cielo si se intenta cualquiera de estas medidas en un colegio donde se juega el nivel global de conocimientos de una persona?

- En una escuela de artes marciales, lo primerísimo que se enseña es el respeto. Se empieza la clase inclinándose ante el maestro de tu maestro, luego ante éste. Se alinea uno en clase en un orden jerárquico estricto, por cinturones, a pesar de que aquí sí que da clase todo el mundo revuelto (a menos que haya tal cantidad de alumnos que dé para muchas clases y se pueda hacer niveles). Se enseña una cosa nueva y se exige repetir, repetir, repetir mil veces hasta que los movimientos se ineteriorizan y se vuelven "una segunda naturaleza". (Nada de hecho una vez, ya está entendido, vamos a lo siguente). Luego, se hace practicar junta a la gente de nivel semejante (más inclinaciones de respeto al compañero antes y después), nada de poner a los más avanzados a enseñar a los peores. Para pasar de cinturón, media examen externo. Si uno es un fiera, puede avanzar varios cinturones en un año; si lleva tres años y no avanza, se queda con el que tiene. Nada de "promoción automática", por tanto. Tambien existe jerarquía de maestros, y se comunica públicamente. Y por supuesto, si se produce un accidente lo cubre el seguro, no se manda a juicio al maestro porque uno sabe que si pelea, son cosas que pueden pasarle sin que haya negligencia.

Si la gente acepta tan ricamente estas condiciones, ¿a qué tanto susto por que en una clase se exija respeto y nivel para seguir estudiando? ¡No es cinturón negro todo el que quiere, sino todo el que llega!

Y una cosa más, común a estos ejemplos y a otros (música en un conservatorio, p. ej.): no hay límite de edad. Si llegas a la maestría, llegas, tengas cinco años o cincuenta. ¿Por qué tiene que decidir el Estado cual es el máximo que se puede estudiar a cada edad? ¿Por qué se puede ser profesor de inglés con 12 años y no te dejan ser bachiller?.

¿Y cómo está la gente tan cegata o llena de prejuicios a la hora de implantar un método pedagógico que funciona? ¿Por qué todo lo que es lógico a la hora de organizar una clase se ve caduco y fascistoide, cuando en academias y koryos se toma con naturalidad, precisamente porque funciona?

¿No es cierto, gente?

Enhorabuena señor Ricardo Moreno por sus argumentaciones que aúnan la profundidad de los pensamientos con el efecto sorpresa de una formulación siempre ingeniosa. Le sigo desde hace tiempo y no defrauda nunca mis expectativas de lectura placentera y estimulante. También disfruto con la difusión de sus artículos entre los profesores de mi centro, y ante algunos “pero” de los compañeros siempre intento llenar con “pasta” de nuestra propia experiencia profesional lo que sus textos no resuelven, o sólo rozan, o quizás yerren, quien sabe, pero desde luego no engañan, ni presumen, ni evangelizan, ni otorgan, ni presuponen, ni optan por la fe ideológica frente a las evidencias que sólo la razón acepta convincentemente. Y cuando alguno de sus planteamientos me parece discutible, ¡qué fácil sería llegar a un acuerdo tras una discusión razonada!, ¡qué fácil nos resultaría abandonar las propias ideas por unos argumentos mejor planteados y una valoración objetiva del tema en discusión! ¡Qué fácilmente llegaríamos a concretar las prioridades! Y qué difícil consensuar nada con los Hermenegildos, Diegos y Beltranes, cotorras rayadas de verbo febril, picadura incisiva y estéril reflexión.

Paralelamente a su Panfleto he leído y releído los aforismos de Jorge Wagensberg, tan intelectualmente placenteros e ingeniosos también (“A más cómo, menos por qué”, “Si la naturaleza es la respuesta…”) y algunos de ellos se fusionan tan íntimamente con mi lectura del “Panfleto” que me parece necesario reproducirlos…

• “Los aciertos despiertan la autoestima y adormecen la capacidad para aprender.”
• “Los errores despiertan la capacidad para aprender y adormecen la autoestima.”
• “Malentendido masivo: acabar con la elite por el procedimiento de que la elite se convierta en masa.”
• “Bienentendido elitista: acabar con la elite por el procedimiento de que la masa se convierta en elite.”
• “En general, ante una minoría cultural selecta hay que intentar que sea menos minoría, no menos culta, ni menos selecta.”
• “Un mundo de prohibiciones invita a crear; un mundo de obligaciones, a dimitir.”

Y es precisamente este último aforismo el que me ha parecido más en sintonía con su conferencia y el que me ha llevado a esta intervención en el foro.

Posiblemente (de nada estoy completamente convencido y suelo cambiar fácilmente de ideas ante pruebas y buenos razonamientos en sentido contrario a mis propios planteamientos iniciales) si hemos de escoger entre un hombre “malo” por instinto o por contacto con la perversidad social que lo rodea, tiene mejor arreglo el primer escenario que el segundo. La domesticación cultural pone fronteras a nuestros instintos y libertad, de la misma manera que la física pone límites a la interacción entre objetos: si te tiras por un puente te mueres, si tocas el fuego te quemas. Al mismo tiempo las prohibiciones permiten inventar nuevas rutas creativas para nuestra limitada libertad: tirarse de un puente atado a una cuerda puede ser emocionante, cocinar la carne la vuelve más sabrosa.
Por el contrario, con el segundo planteamiento el hombre es bueno por naturaleza y enferma de violencia en su interacción con ciertos entornos (ambiciones, celos, tele, videojuegos, desestructuración familiar, migraciones, adolescencias, faltas de recursos…) La justificación de las razones