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Artículo de Julio María Sanguinetti

Me han llegado muchos testimonios de personas de distintos lugares de latinoamerica mostrando su preocupación porque en sus países comienzan a aplicarse algunas de las reformas que tan malos resultados están dando aquí.

El siguiente artículo apareció en El Pais del 7 de julio pasado.


¿Enseñamos bien?
JULIO MARÍA SANGUINETTI

No hay país en que el tema de la educación no sea epicentro de polémicas, debates y normalmente de conflictos. A la natural rebeldía de los adolescentes suele añadírsele una mala relación entre las agremiaciones de docentes y sus respectivas autoridades, potenciándose así un contencioso cuasi permanente cuyo orden del día no pasa de tres o cuatro puntos: remuneraciones docentes; porcentaje del presupuesto global dedicado a la educación; participación de profesores, alumnos y padres en la administración del sistema; algunos beneficios de posible asignación a unos y otros, y poca cosa más.
Para decirlo con claridad, de la educación, poco o nada. De por qué las matemáticas nos cuestan en todos los países latinos; de por qué en América Latina las evaluaciones PISA (hechas por la OCDE cada tres años en lectura, matemáticas y ciencias) ubican muy mal a los pocos países que se atreven a examinarse; de por qué España e Italia figuran por debajo del resto de Europa; de por qué el mismísimo EE UUtiene poco rendimiento para lo que gasta; de por qué, invariablemente, Finlandia, Corea, Hong Kong y Japón aparecen siempre delante, de todo eso que debería ser el corazón del debate, no hablamos.
Cuando en el 2004 aparecieron los resultados de la evaluación PISA del año anterior, comparada con la del 2000, se trató el tema durante algunas semanas en los países que se dieron por aludidos, pero por allí quedaron las cosas. La vida siguió su curso y preferimos cobijarnos todos en el resultado más favorable que cada uno pudo encontrar.

En mi país, el Uruguay, por ejemplo, nuestro orgullo nacional quedó a salvo porque nos ubicamos por encima de Brasil y México, pero da la casualidad que en una tabla de 40, donde se analiza el porcentaje de jóvenes de 15 años que se ubican en el nivel del 5% mejor o del 1% peor, sólo superábamos a 6, y nuestros dos grandes hermanos, sólo a 2. El tiempo ha seguido andando y todos hemos progresado cuantitativamente: en América Latina hoy asisten más niños a las preescolares, con un crecimiento explosivo que supera incluso el promedio de la OCDE; hay más jóvenes matriculados en la secundaria; hay menos deserción en la escuela, los niños están más tiempo en ella, en fin, hay un esfuerzo importante que no se puede desconocer. Él vale, además, y mucho, desde el punto de vista de la equidad democrática, pues la universalización de la matrícula en la educación preescolar y primaria significa que se ha llegado al núcleo más duro de la marginalidad.
Quienes hemos estado sumergidos en ese esfuerzo, desde un lugar u otro, podemos sentir que algo hemos hecho. Pero inmersos en la sociedad de conocimiento, en medio de una turbulenta revolución científica y tecnológica que todos los días nos ofrece magníficos logros y, a renglón seguido, nuevos desafíos, ¿podemos pensar que estamos acercándonos al mejor nivel, que estamos reduciendo la brecha que nos separa de los mejores? Desgraciadamente, no. Y oportuno resulta repetir que los mejores no son los que gastan más ni quienes poseen mayor tradición en la materia. Que los quinceañeros de Finlandia, Japón, Hong Kong y Corea se reiteren como los mejores en matemática y ciencia, nos desafía. La mayoría de esos países han arrancado de muy atrás, cuando no de las ruinas, como Corea y Japón, que hace medio siglo eran una cordillera de escombros.
Parecería llegada la hora de que, sin enojos ni fundamentalismos corporativistas, como sociedades, definiéramos exactamente qué queremos de la educación, fijemos sus metas, evaluemos con objetividad y persistencia los resultados y establezcamos responsabilidades adentro del sistema. Esto es dramático para el caso latinoamericano, pero no es despreciable tampoco, por lo que va dicho, para los países desarrollados con gran tradición educativa. No ignoro que con esta afirmación estoy desafiando a un coro que invocará al unísono el equilibrio psicológico del educando frente a la exigencia de resultados, la formación humana sobre la preparación para el trabajo, el valor del conocimiento puro sin ataduras a la realidad, la preservación de la armonía espiritual del adolescente amenazado por el trauma insuperable de los exámenes y las evaluaciones. Todas ellas causas nobles, pero no más nobles y humanistas que aquella de que los adolescentes lleguen bien preparados a la Universidad y que quienes no puedan alcanzarla, posean una adecuada comprensión lectora en su propia lengua, estén capacitados para resolver problemas matemáticos que les planteará la vida diaria y hayan adquirido la mínima cultura científica que les permita seguir aprendiendo en la vida lo necesario para sobrevivir.
¿Quién ha demostrado que fijar metas y pedir resultados es incompatible con una saludable formación espiritual, cívica y humana? Corregirle un texto con faltas a un niño en la escuela no es sólo deber de la maestra, sino el mayor bien que a él se le pueda hacer. Por supuesto, podemos traumatizarlo si lo hacemos de mal modo, pero ello es simplemente mala pedagogía. Lo peor le ocurrirá cuando vaya a una fábrica a trabajar y no comprenda bien el manual de su máquina o que, aspirando a ser médico o abogado, se frustre en el primer año de su carrera por carencias que aparecerán ante la mayor exigencia académica. En una palabra, cuantitativamente avanzamos, pero cualitativamente nos venimos desbarrancando. Y si dudamos de estadísticas, observemos la televisión,
especialmente en los informativos, y nos vamos a asombrar, muchas veces, del modo de hablar y razonar de nuestros congéneres comunes tanto como de muchos de los iluminados entrevistados o habilidosos conductores.
Un baño de realismo nos está reclamando a todos, establecer claramente qué le pedimos a la educación, determinar las metas de aprendizaje y, ya que estamos en el siglo XXI, entender que lo primero es leer y comprender, no dejarse arrastrar por la aversión a los números y asumir que, nos guste o no, las ciencias nos reclaman. Lo que no es embrutecernos, como ya Voltaire nos lo dijo, y hace rato, sino percibir que el futuro no es de quien sabe esperar sino de quien sabe prepararse.
Julio María Sanguinetti es ex presidente
de Uruguay.

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Comentarios

Compré tu libro el viernes pasado y me lo leí de carrerilla.

Es realmente un tema principal.

Después de ojear tu blog y justo leer este artículo de Sanguinetti, que no vi, en El País,.... me pregunto cuáles deben ser los problemas en otros países europeos?

Ricardo, sólo hay una solución, organizar un movimiento que ponga en marcha una huelga indefinida, y no la desconvoquéis hasta que hayáis alcanzado vuestros objetivos, no existe otra salida.

Jota, qué facil lo ves tú. Comparto tu misma opinión, ( siempre he dicho que la presión lo consigue todo, veamos las huelgas de los controladores, de los pilotos, que tienen en su haber unos Sindicatos fuertes ) pero nuestro colectivo es INSOLIDARIO y muy diverso ( Hay muchos interinos que no tienen plaza fija, sustituciones ...etc ); también hay que decir profes que nunca apoyarian masiva e incondicionalmente una huelga .Habría mucha , mucha, mucha gente que se rajaría ( en cuanto la nómina empezara a resentirse..ya no estariamos tan seguros de nuestras reivindicaciones ). No obstante me parece estupendo lo que dices ORGANIZAR UNA HUELGA INDEFINIDA.Un saludo

Pues no, disiento.

Imaginad un restaurante que decide ganar más dinero comprando materias primas más baratas y contratando a un cocinero peor, y cobrando el mismo precio a los clientes. El servicio será peor, pero no cabe en la cabeza de nadie que la solución sea que los camareros de ese restaurante hagan huelga (perdiendo ellos dinero) para que se recupere la calidad anterior. Si alguien tiene que hacer huelga en un caso así serán los clientes, cambiando de restaurante por ejemplo.

Trasladado a la educación, los clientes somos todos, los padres sobre todo. No podemos cambiar de restaurante tan fácilmente, porque, porque no hay una libertad de elección equiparable (aparte de privada/pública).

En el caso de la educación las medidas de presión son el voto, y expresar las opiniones aquí y allá, para que quien tenga que escuchar escuche. Como escribir un libro y montar una web como esta.

¿Que los camareros hagan huelga? El sentido común dice que no.

Perdón por meterme aquí, así de pronto.
Yo también soy profesor y no veo mal lo de la "huelga indefinida". Puede que no sea la mejor solución, pero tampoco hay tantas donde elegir. Desde luego esperar a que la gente se conciencie para ejercer luego el voto "oportuno" es una locura. Primero porque no veo que ningún partido defienda estas cosas, y segundo porque para cuando la gente tome conciencia estaremos todos nosotros jubilados seguro.

Me parece todo bien
Resulta que despues de hablar durante mucho tiempo seguimos iniciando cursos nuevos, ricibiendo alumnos nuevos, ... todo nuevo. En realidad todo es viejo y se repite inexorablente el 'diseño'. Hay que plantear una ley de educación alternativa fundamentada desde el profesorado. No se puede tolerar que cada ministro/a, consejero/a, se le permita 'inventar la sopa de ajo'.
Hay que promover un macro encuentro de professores para salir en los noticiarios y hacernos sentir explicando a la socidad nuestras propuestas y alternativas al sistema actual.

Una de las cosas que Uds. Profesores tendrían que aprender a respetar en nuestra educación es la laicidad, han estado durante décadas educando a nuestros jovenes para la utopía,siempre hacia la izquierda lógico.- Montevideo Uruguay


En muchos lugares Cataluña, Castilla León, Canarias, Aragón existen asociaciones de profesores de enseñanza secundaria que se presentan a las elecciones sindicales y que luchan por recuperar una educación pública digna que vaya más allá de intereses políticos y autonomistas. A estas asociaciones a diferencia de los sindicatos no solo les importan el sueldo, las jornadas continuas -que, por supuesto también es importante-. Informaos y así podermos crear un día una federación de profesores de secundaria que tenga voz propia y que pueda llegar a la sociedad. Respecto a lo que dice José Farías no entiendo nada: la mayor parte de los profesores en España son laicos, al menos los de la pública, y más allá de que puedan sentir simpatía por la izquierda o ser de izquierdas lo que realmente sienten respeto es por la verdad más allá de colores políticos o ideológicos.

...en los encabezados sobre educación en Cataluña España hay un error, yo nunca haice referencia a la educación en ese país, cuando hablé de laicidád me referia en particular a la educación en La Republíca Oriental del Uruguay donde todos sabemos que la educación es láica solamente en el terreno de lo religioso pero no así en el terreno político donde se destila en todo el profesorado una flagrante inclinación hacia la izquierda.-

Hay un error en la página, lo que se le atribuye al Sr. Garrido me pertenece, yo solo hice referencia a la educació en el Uruguay y lo ratifico totalmente.-(José Farías Agustoni)

LA RESILENCIA. El oculto potencial del ser humano.

Helena Combariza.
Educadora, Filósofa e Investigadora.

¿Qué es la Resilencia?.

El término resiliencia se refiere originalmente en ingeniería a la capacidad
de un material para adquirir su forma inicial después de someterse a una
presión que lo deforme. Al hablar de resiliencia humana se afirma que es la
capacidad de un individuo o de un sistema social de vivir bien y
desarrollarse positivamente, a pesar de las difíciles condiciones de vida y
más aún, de salir fortalecidos y ser transformados por ellas. Posiblemente
la resiliencia en cuanto realidad humana sea tan antigua como la propia
humanidad, sin embargo el interés científico en ella es mucho más reciente.

Aparecen entonces dos elementos básicos de la resiliencia: la resistencia
frente a la destrucción o la capacidad de proteger la propia integridad a
pesar de la presión, dicho en otras palabras la superación de las crisis, el
dolor, la muerte, la pobreza, como situaciones límites ante las cuales se
resiste el ser humano, como luchador innato y sobreviviente de la esperanza;
y el otro elemento lo constituye la capacidad de construir o reconstruir su
propia vida a pesar de las circunstancias difíciles. Es el concepto oriental
de las crisis: como dificultad y como oportunidad. Las crisis son conflictos
de alta intensidad y por lo tanto con un alto poder de transformar
individuos y sociedades. "Solo una sociedad madura para los conflictos, es
una sociedad preparada para la paz", recuerda el maestro Estanislao Zuleta.

Se puede afirmar que se tiene una crisis cuando lo que se vive puede, en la
conciencia de cada ser humano, exceder su capacidad de respuesta o de
recuperación, se pierde la esperanza y el sentido de lucha.

En la óptica de la resiliencia en cambio, los conflictos son la base del
desarrollo, cuando aparecen están anunciando crecimiento, transformación,
buenas noticias. Se trata entonces de un potencial humano activado que logra
muy buenos resultados a pesar de un alto riesgo, que mantiene competencias
bajo la amenaza, que sigue creciendo en armonía, que es capaz de superar el
miedo, que tiene la fortaleza de convertir el trauma en una oportunidad de
crecimiento. Sin embargo las crisis, vistas como oportunidades de
crecimiento, implican el desarrollo y fortalecimiento de factores que
dinamicen y activen el potencial humano, de superar las dificultades y salir
fortalecidos de ellas.

Entre estos factores pueden destacarse: La capacidad de crear sentidos y
significaciones, o un profundo entendimiento, a pesar de las dificultades,
de que hay algo positivo en la vida que es capaz de dar coherencia y
orientación a la misma.

Víctor Frank, psicoanalista austríaco, quien sobrevivió en un campo de
concentración, fue capaz de llegar a la libertad, después de la guerra,
mediante la búsqueda de un sentido, lo que llamó posteriormente la
logoterapia. Jairo Aníbal Niño, con su voz de poeta aporta el sentido y la
significación a través de la palabra: "Los humanos han sabido cultivar el
bosque de las palabras; con ellas se hermanan, se comunican, se consuelan,
cantan y sueñan. A veces se les olvida que tienen ese milagro instalado en
la cabeza, en el corazón y la lengua; entonces creen que solo la violencia
resuelve sus contradicciones y conflictos. No se dan cuenta, entonces, que
la violencia es la más triste e inhumana ausencia de pensamiento"

La vincularidad. Son las redes de apoyo incondicional que un ser humano
requiere para sentirse parte del mundo, de la sociedad, del país, de la
familia. El vínculo según Jung es la misma unidad humana, lo individual es
una ilusión. Implica entonces intercomunicación afectiva que es la base de
todo crecimiento humano. Crear lazos, como lo afirma Antoine de Saint
Exupery en su libro El Principito es la base de la amistad y el amor, pero
también crear lazos es acompañar en el dolor, unirse en la angustia del sin
sentido para dar esperanza.

Los seres humanos en circunstancias especialmente difíciles requieren una
mano amiga, un acompañante un "cómplice significativo" que les permita crear
lazos y vínculos consigo mismos, con los otros y con su entorno. Todos estos
enunciados son caminos de vincularidad que suscitan el potencial humano de
la resiliencia.

El sentido del humor. Las personas que son capaces de reírse de sus males
llevan la mitad del camino recorrido. La base del sentido del humor es el
mismo sufrimiento. La gracia suele implicar el reconocimiento y la ternura
ante lo imperfecto, el fracaso, la capacidad de admiración ante lo
inesperado, y cuando la respuesta es una sonrisa, tal vez no acabe con el
sufrimiento, pero tampoco éste acabará con quien lo padece. Quien logra
reírse de sí mismo ganará en libertad interior y fuerza. Con el humor se
dinamiza el potencial humano en situaciones límites. Valoración de la
diferencia. La ternura que implica no solo el respeto sino el amor a la
diferencia, se convierte sin duda en un factor protector por excelencia de
la superación humana.

En la base se encuentra el crecimiento de la autoestima, en lo diverso que
tiene cada persona como tesoro escondido con el cual puede acrecentar su
esperanza y enriquecer su autoestima. Darle la oportunidad a cada ser humano
de descubrirse único e irrepetible en su diferencia, se convierte en la
clave de la aceptación personal y social.

En el "Libro de los Abrazos" de Eduardo Galeano(URUGUAYO) hay una
descripción hermosa de la diferencia como generadora de luz y claridad:
"Cada persona brilla con luz propia entre los demás. No hay dos fuegos
iguales, Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos colores. Hay
gente de fuego sereno, que ni siquiera se entera del viento, y gente de
fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos bobos que no
alumbran ni queman: pero otros arden la vida con tantas ganas que no se
puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende"

El enfoque de resiliencia puede aportar significativamente al cultivo de una
esperanza realista, porque sin negar los problemas, centra la atención en
las fuerzas y potencial humano que se pueden capitalizar.

La esperanza real no es una vía de escape, sino que descubre un potencial
positivo real pero escondido a una mirada superficial y pesimista del valor
humano. Esto viene al caso de la persona, pero también de las sociedades, de
los países y en general del género humano.



No hay una solución fácil para ningún tema social. El de la educación es uno de ellos. Hoy ha asumido en la Argentina, mi país, Cristina Fernández de Kirchner. Toda una novedad, una mujer elegida libremente por un pueblo latino. Una universitaria, política de muchos años, con un pasado de activismo izquierdista (ojo, si hay términos relativos, este se lleva las palmas). Me sorprendió su discurso cuando se refirió a la educación pública, y explicó que la que la formó no era ni por las tapas parecida a la actual: en aquella había que estudiar. Además, un medio ambiente diferente al actual estimulaba mucho al perfeccionamiento, con una TV que no se regía exclusivamente por el rating minuto a minuto, y políticos obligados a luchar por los grandes principios contra dictaduras morrocotudas. Había profesores interesados en sus sueldos, por cierto, en sus horarios, también, pero además en transmitirnos conocimientos no solo esenciales, y que apreciaban lo que enseñaban. Me parece que hoy es todo al revés. El profesor tenía gran prestigio, y el maestro lo compartía desde un peldaño pequeño menos. No eran tan famosos los grandes bailarines, los grandes cantantes de ópera no estaban tan de moda, pero los actores, los pintores, los escritores y los científicos eran muy respetados.
En cambio hoy una niña con sus tetas y traste de siliconas puede ridiculizar a cualquiera, los peluqueros y los modistas influyen en la política, los jugadores de fútbol pretenden ser árbitros de costumbres (el pelusa Maradona, por ejemplo, tipo sufrido e insufrible a veces), los maestros muerden su resentimiento, los profesores tratan de parar la olla (argentinismo, creo, perdonen) de algún modo, los pintores, escultores, escritores y actores galguean, y los productores de TV, teatro, cine, libros, lo que sea, se embolsan la parte del león junto a los industriales imprescindibles en esas actividades.
Un modelo netamente capitalista, que ha sido impuesto por una dictadura peor si cabe que las militares, la dictadura del lucro.

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